Anchoas y Tigretones

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Un blog no sirve para nada

Tendría que haber escrito esto a finales de febrero. Tendría, claro, porque este blog pasó de ser un proyecto para hacer músculo de escritura a ser una cuasiobligación de la que a veces querrías liberarte. Después de casi ocho años, esto es  como esas comidas familiares estipuladas de siempre en el calendario y a las que acudes con una mezcla de hastío y spleen, con algo de vértigo y a regañadientes. A la vuelta a casa, si no ha habido asesinatos por mor de fútbol o gobiernos locales, reconoces que  no lo has pasado ni tan mal.  Yo iba a hablar de algo que sucedió a finales de febrero, pero ir perdiendo ese músculo de escritura del que hablaba al principio abre todavía más mi dispersión. “Tengo que hablar de mi colección de cuadernos”, eso pensaba yo hace un rato.  ” o también de lo que significa tener cincuenta años, lo que es cumplir cincuenta en 2017″. “Tengo pendiente  hablar de este otro libro y de este, de tal peli, del blablabla”. Y a los cinco segundos:  “bueno, pero ahora que ya me he cambiado de casa y tal, no vamos a estar dando siempre por saco con lo positivo de los cambios, etc, que es un coñazo”. ¿Qué hacer ante tantas posibilidades? Pues lo de siempre: procrastinar. Dar una vuelta por redes sociales, hacerse un café o recoger ropa del tendedero, mirar con deleite tu nuevo espacio – me chifla la palabra deleite, todo era una excusa para escribirla- o, incluso, tener la tentación de decir “pues no hago nada y a tomar por saco”, lo que sería una versión igual de infantil, pero algo más reciente del “no me como el rancho, que se joda el coronel” o el “pues ahora no respiro” del pequeño hispano del tebeo de Astérix.

Como sí voy a seguir respirando, y espero que por mucho tiempo, me apetece hablar de la valoración de la escritura. Como he dicho antes, esto no es no es nada más que tinta digital que se superpone cada x tiempo. Hablas de lo tuyo o tus circunstancias; sean estas veraces  o no, haya autobiografía o haya impostura. Pero, entonces, ¿qué es mi blog? Pues exactamente eso y nada más: un retazo de vida, una mirilla alocada, un, a veces, casi desahogo un tanto impúdico, un espacio para hacer lo que me da la realísima gana. ¿Un blog tiene sentido si no tiene lectores? Bueno, hay que tener la autoestima muy bien colocada o ser una especie de Ed Wood al que se la sople el éxito o el reconocimiento, pero quien hace esto es un poco más como el conductor Paterson de la ciudad de Paterson. ¿Y por qué, si llevo escribiendo tanto tiempo no hago un libro? ¿Por qué no una novela o una recopilación de algunos relatos? No lo descarto jamás, me da una pereza terrible, pero no lo descarto. ¿Estoy entonces perdiendo el tiempo? Y he aquí el quid de la cuestión.

Yo creo que la escritura siempre ha de ser verdad. Ha de tener raza, es una manera de explicarse a uno mismo limándose sus propias asperezas, enfrentándolo todo, creando y volviendo hacia atrás cuando es necesario, rompiendo, avanzando. Me da igual el género, la escritura siempre ES. Y un post en un blog ES también. No tiene la entidad de un producto acabado y que contiene unas determinadas prerrogativas: novela, relato, poema. Hasta aquí, viva Perogrullo, lo sé. Pero me sorprende, en un siglo XXI en el que lo escrito es siempre tan perecedero (no solo los artículos o lo derivado de géneros digitales, los libros nacen y son devorados por el Saturno de las siguientes novedades editoriales) que el ejercicio de la escritura tenga que llevar ese marchamo de tinta visible- papel o digital- para ser reconocido. Sigo a personas que tienen blogs que son infinitamente más literarios  que algunos libros de relatos o novelas, publicadas por muy tradicionales editoriales, que he leído este año. Hay blogs donde el nervio escritor sale por los cuatro costados, rezuma, rebasa, invade al lector. Pero parece que no vale.  Imagino que con las personas que hacemos esto se tiene aquella condescendencia que se tenía en los cafés de la capital con los escritores de provincias: un bloguero es un provinciano de la literatura. Un pailán. Pero, mira, ahí está. Y, a fin de cuentas, una se acuerda mucho de Patty Diphusa- lo mejor, para mí, que ha hecho Almodóvar- cuando su rollete niñobién se ponía estupendo autodenominándose “poeta”. Y la Patty, que era muy bruta pero muy lista, le respondía algo así como que “mira, chaval, poeta, lo que es poeta, aquí no lo es nadie hasta que no gana el Adonais”. Pues esto es algo así: desde el momento en que escribes, eres escritora. Tan amateur como el que más. Tan de provincias como los que van con distintos ejemplares bajo el brazo que no ha leído ni leerá nadie. Como tu blog, que leerán alguna vez muchas personas y otras, quizá las veces que creas que lo has hecho mejor, se quedará completamente solo. Pero es escritura, y es la tuya. Y, en definitiva, ES.

Un blog no sirve para nada. Escribir un blog sí sirve para mucho. Y otro día contaré qué tiene que ver esto con cumplir cincuenta años.

Bartleby de agosto

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Imagen tomada de http://meanderin.gs/

A veces, distanciarse de la escritura es algo más que necesario. En realidad es que “preferiría no hacerlo”. Creo que cuando tienes demasiadas historias bullendo en la cabeza, desórdenes habituales, pánico a que no fluyan como es necesario, acabas siendo un Bartleby provinciano y endomingado con tus escrituras. A los Bartlebys que son así, a los que emborronan solamente post-its y abrazan el eterno “ya habrá el momento de convertirte en tinta o en html” que les hagan la ola se la trae bien floja. Vaya, que se la suda, se la pela o, con bastarda metáfora marinera, “se la trae al pairo”. Ya no solamente que les hagan la ola, sino que seas algo más que un pequeño rinconcito digital. Ya saben ustedes, si han llegado hasta aquí, que todo esto es, o no, mentira. Se escribe para entender por qué no nos quiere el mundo mundial. Se escribe para que te pasen la mano por el lomo y te digan que eres guay, que qué pena que no escribas más y en otros medios. Se escribe, muchas veces, para no ser el niño que juega solitario en un callejón, y también se escribe porque sí, porque te da la gana. Es verdad: qué cansados, que no cansinos, es hacer enumeraciones de motivos. I would prefer no to.

Los blogs, para los que nos dicen siempre lo que tenemos que hacer, son un agujero en el jersey de lo que-se supone que existe-gran proyecto literario. ¿Y si no lo tienes, y si realmente te da igual y te importa un soberano huevo hacer algo más? El mundo está lleno de aspirantes a sustituir a los oficiales creadores de opinión. Todo muy galdosiano. No me esperen por ahí. Hay gente que hace cosas en blogs- no de tecnología, no de moda y belleza- que cambia la silla recalentada del café por el teclado; la pantalla es aquella la ventana por la que se veía pasar inviernos, sentar cátedras y encontrar excusas para la queja, para la filosofía de refilón, para la creatividad verbal y la posible greguería, también para el fracaso de lo que no se logra plasmar. Un blog no tiene muchas veces aspiraciones; es el mundo de lo efímero asentado. Son reflexiones cogidas al vuelo, porque todo es ver pasar la vida y las primeras páginas de lo que no se participa. Para no preocuparte de “gústames” y de retuits, para que te den por saco los trols (y eso que los hay) porque haces lo que te da la realísima gana: no hay editor, eres tú y tu plantilla de wordpress. Y también reivindicar el derecho a ser dueño de las propias contradicciones: ¿quiere un blog ser un secreto a voces, un tesoro escondido, un algo a reivindicar en un posible futuro? ¿O quiere ser el robinson de una isla digital inexplorada? ¿Es quien lo escribe un flaneur que se mira en los escaparates al pasar o un frustrado y displicente tertuliano sin obra que sonríe de medio lado, ocultando su amargura? Joder, y yo qué sé, quizás todo sea un acto de narcisismo y pretendamos a todas horas disculparnos. Mucho ego y poca autoestima, mundo de actores, qué coño.

Yo solamente sé que esto es una plantilla de wordpress, que llevo varios años dándole a estas teclas y que me ha hecho feliz y descubridora porque no me obliga a nada. Me gusta, me divierte y a veces me da una pereza terrible. Me da la posibilidad de reflexionar sobre lo que leo, lo que escucho, aquello que aparece y se me queda en la retina. Y que cada vez que se acerca el cumpleaños de este cuaderno que no llevo en ningún bolsillo me veo a mí misma como alguien que quizás preferiría hacer otras cosas, que lleva mucho tiempo pensando que debe hacerlas o no, que no sabe si quiere hacer algunas novelas esbozadas o no hacerlas, que se lo sigue pasando bien aquí- de forma menos pautada- y que agradece que seais fieles y sigáis ahí. Podría seguir diciendo más cosas, pero ya se sabe que, al final, Bartleby vence siempre,dueño y rey absoluto de su paradoja genial y revolucionaria. Felices agostos, queridos míos.

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