Anchoas y Tigretones

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Chonismo lírico (o dar Coelho por gato)

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That’s for your bad manners – Niagara By Hotlips – Own work, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=32513496

Soy de la creencia firme que las mejores teorías se hacen siempre en los bares, esperando a gente que llega tarde, dándole duro a calentar la barra. El cuarto de baño es también un lugar de pensamiento adecuado que no mágico, aunque si estás en casa ajena leas y curiosees las melindrosas etiquetas de los champús de los otros, los botecitos de las cremas de cara y cuerpo de los otros, los restos de dentífrico  en el vaso para enjuagarse la boca de los otros.  Los cuartos de baño ajenos son lugares que nos reconcilian mucho con nuestro descuido casero, fundamentalmente porque nadie es hiperperfecto ni tiene la casa en estado de revista (si está así es porque no vives en ella, anda y no mames).  Comprendo que la praxis necesite sus laboratorios, pero, como diría mi madre, o falar non ten cancelas y pasar el día de pasmona, de trosma (otra palabra de mi madre, esto promete ser algo revival y normanbateseano) es lo que tiene: que piensas en cosas que quizá a nadie importen, pero que además de ser entretenidas encajan de repente, y de forma muy certera, en ese hueco que queda en toda formulación, en toda teoría: ya saben los gaps o la elipsis, que somos todos muy teóricos de la literatura, muy de la retórica y muy coñazos de Dios.

Mi querida Alejandra de Diego me hizo llegar este maravilloso Manifiesto anti-cuqui de la también maravillosa Diana Aller. Me encanta, lo adoro, lo subrayo y suscribo, pero falta un punto. Y llevo hablando de esto en bares bastante tiempo, en bares y en cafés, creo que hasta lo he mencionado en este cuaderno. Queridos todos, hoy vamos a hablar de chonismo lírico. ¿Qué es el chonismo lírico? Partimos de la base de que todos sabemos, o al menos tenemos, una intuición mediana de lo que es algo choni. Lo choni no es exactamente lo hortera. Lo hortera va a su bola, lo choni tiene discurso y eso lo hace peor. No vamos a hablar de tal o cual música, de reguetones y mayonesas, de uñas postizas con purpurina o de vaqueros recauchutados. Tampoco de creerte la reina de dragones o de hacer posturitas en primer plano y primera persona en Instagram. No. Ahí el chonismo es muy evidente y no da escozor, puede dar pena o te puedes partir la caja, cada cual con su conciencia. El problema es que lo choni no se agota, por el contrario; se intensifica, se cuela como una mosca cojonera y transforma cualquier significante. Digamos que el chonismo se viene muy arriba, vaya, aunque también podríamos hablar de que se encripta, de que disimula y que silba para no ser descubierto. Ojalá fuese así: está en todas partes.  Chonismo lírico son las citas literarias buscadas en Google con su buena Comic Sans y su buena foto de una  rosa con rocío goteante. Chonismo lírico son las paridas que pululan por redes sociales- no “en Internet”, eso es exclusivo de esa necesidad que tenemos de estar todo el puñetero día demostrando que somos la pera, ergo, redes- generalmente atribuidas al pobre de  Paulo Coelho, Tagore o Einstein; aunque los gurús contemporáneos hindúes, los CEOs de algunas compañías tecnológicas- fallecidos o no- van ganando posiciones, Gandhi mediante.  Choni lírico es Federico Moccia y esa tendencia abierta por las editoriales de”mocciziar” las cubiertas de los libros de bolsillo. Hay cubiertas de los libros de bolsillo pretendidamente cuquis pero que no : hay una cafetería donde dos se enamoran, una librería donde dos se enamoran o un aeropuerto donde dos se enamoran, hasta aquí un grado de cuquismo relativamente aceptable. Rascas un poco y parecen vivir dentro de una cita de Depaak Chopra  Ella es ejecutiva y él también, tienen pasta a manta, aunque todos buscan el amor y a tomar por saco: hacen mindfulness, yoga y comen quinoa, se hablan entre ellos de forma intensa y trascendente, siendo la  cubierta del libro la que da  da buena cuenta de ello. Como tienen pasta y comen esas cosas, pues les da por irse a buscar su yo interior e intercambiar trascendencias en lugares que quedan muy a mano, por ejemplo, el desierto, que queda muy a mano cuando vives en Boston o Berlín. En el fondo quieren lo que todos queremos desde el minuto uno del encuentro:  ya saben y no me hagan decirlo, que esto lo lee mi familia. También es pasto de chonismo lírico que la cubierta del libro lleve otra cita de otro escritor choni lírico alabando la obra con frases para la historia del calibre de “Un gran descubrimiento” o “El paradigma de la emoción”. Choni lírico sin más, aunque ahí- y esto merece post aparte- nada como los libros de religión post Concilio Vaticano II y las canciones de, como dice mi amigo Gaspar, “cristianos de guitarrita”. No hay NADA que contenga más chonismo lírico que “Tú has venido a la orilla” o ” Yo tengo un gozo en el alma”. Aunque ahí ya tocamos temas de dimensión trascendente y la gente tiene tan poco sentido del humor como altísima capacidad para ofenderse, especialmente desde el humor, así que carpetazo al asunto.  Otra línea mucho más choni lírica es el amplio mundo  que rodea al  revival medievalista. Coger a Tolkien por las runas  (no me digan que no habría sido bonito poner aquí “coger del rábano de Tolkien por las hojas”, pero no hay narices) es lo que tiene: que se crea una cosmogonía- él lo hace, era un puto genio- a partir de la imagen de, por ejemplo, Viggo Mortensen. A mí me mandáis lo que sea que tenga Viggo Mortensen y os perdono cualquier conato de chonismo lírico, aunque en esta tesitura del medievalismo choni lírico cabe desde Tyrion Lannister a  Légolas, de Xena la princesa guerrera al proceloso mundo de los highlanders: esas brumas escocesas, ese devenir de la falda ondeando al viento, esas cumbres alejadas hacen que casi veamos el sudor de los guerreros goteando en algún lago.  Todo,en resumen, todo sincretismo histórico que lleve espadas y conquistas por el medio roza peligrosamente el chonismo lírico o lo es de forma clara.  Tiene mucho éxito, sarpullidos ortográficos aparte y comas bien puestas deseables en las citas.

El chonismo lírico es el quiero y no puedo del desarrollo inteligente de la lectura: espolvorea un par de frases, ponle una guirnalda y añade una dosis de cucharada de trascendencia. Chonismo lírico hay mucho en los selfis usados como foto de perfil, en  estados de Facebook y Whatsapp que recuerdan a los Pierrots con lágrima de los ochenta:  explosiones de autoayuda, de amor hacia los hijos, la familia, el mundo, los perros, los gatos, la flora y la fauna mundial, siempre con el nombre del autor de la explosión de amor entre paréntesis. Chonismo lírico es pensar que las bibliotecas, las librerías y las frases de Neil Gaiman molan porque sí, porque son bibliotecas, librerías y Neil Gaiman y, en virtud de ese molamiento apriorístico, hay que repetirlas diez millones  de veces por si no os ha quedado claro. Neil Gaiman mola en cualquier aspecto de su vida y de su cuerpo serrano de inglés escéptico y guapísimo vestido de negro- y está casado con Amanda Palmer, ¿no se le rompe nunca a este hombre el molómetro?-pero es mucho más interesante, muchísimo más, cuando no habla de bibliotecas. ¿Por qué? Pues porque el riesgo de estar haciendo frases todo el día, de parir sentencias muy grandilocuentes, te convierte en carne de chonismo lírico. Sí, vale, ya sabemos que los bibliotecarios somos mejores que Google y blabla.  Los bibliotecarios molan el triple cuando no se pasan el día dando por saco y diciendo o haciendo memes con el objetivo de demostrar que las bibliotecas son la releche: ya lo sabemos, trabajamos en ellas, lo damos todo (odio esta frase, es para que me entiendan), hacemos las cosas más chiripitifláuticas para reinvindicarnos, reinventarnos. Y trabajamos muy, muy duro. Ya está. Paren. Gracias (y digo los bibliotecarios, con o, porque las bibliotecarias siempre molamos. Siempre, no lo olviden).

Todas somos o hemos caído en el chonismo lírico. Es relativamente fácil: tenemos nuestro corazoncito y la carne es débil de carallo. La señora que escribe esto firma como Sigrid de Thule, una forma algo como de escorzo en el chonismo lírico, pero no me doy fácilmente a las citas, aunque sí a la autojustificación. A fin de cuentas, tampoco se puede pasar una la vida formulando teorías ni papando la nata. De vez en cuando hay que remangarse y trabajar por el bien de la Humanidad. Por lo tanto, no olviden nada de esto, queridos niños, adorables niñas, y procuren no hacerlo en su vida internetera. Si os llega una cita literaria con guirnaldita, con paisajito, con comas y puntos espolvoreados por doquier, duden. Duden de la veracidad, claro, pero duden también de sí mismos si les surgen tentaciones de compartirlo: estarán contribuyendo a una expansión de la sensibilidad cutre, de identificar lo sentimental con el sentimentalismo- esto me recuerda a la dicotomía “libertad/libertinaje” de las clases de religión, qué guay-  hasta llegarán a creer que lo que hace Almodóvar es lírico. ¡Diferenciemos entre la emoción legítima y la de botellón, hermanas, se acerca el fin! Y si tienen ataques, todos los tenemos, lo mejor es que tengan a mano la  imagen  que ilustra este post- la de arriba también, pero la de abajo es mucho más contundente-  y una prueba de fuego: el toque punk. Si después de un toque punk, de una remezcla y de poner la cita patas arriba la emoción sobrevive, será literaria, será legítima, será verdadera; aun reconociendo que todo es contextual. De no ser así, lo sentimos, pero  les estarán dando gato por liebre. O, qué narices, gato por coelho. Si es que al final siempre volvemos al excelso escritor, a la creación del canon chonista lírico y la permanente duda. Pues eso, quizá, quiere decir algo . 🙂

coelho

Te pido perdón, Paulo Coelhiño, pero esta foto viene al pelo.

Mis hashtags del asunto:

#contraelchonismolírico

#coelhismoilustrado

#señormehasmiradoalosojos

 

 

Lectura, erudición (X) : las bibliotecas que nunca tuvimos

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Cosas que pasan en una biblioteca- Ilustración de JimmRugg.com tomada de thisisnthappiness.com)

Yo no sé si se puede hacer un libro de instrucciones de equipajes. Recuerdo a William Hurt en El turista accidental esbozando una arquitectura de la maleta, de los espacios mínimos disponibles, de lo máximo rentable. Cuando una está en un hotel, siempre le apetece arramplar con todos esos botes minúsculos que prometen, bajo la luz de un cuarto de baño inmaculado, una felicidad a escala, un mundo de burbujas exóticas y de aparatejos de medida sofisticación (esas esponjitas para limpiar zapatos en su pequeña caja acartonada o ese kit de emergencia para la costura de botones rebeldes ).  Muchas veces, con el paso de los días, nos abandona el interés por llevárnoslo todo, por conservar esa efímera construcción de lo perfecto con logotipo. Y si algo sobrevive a esta ansiedad bulímica del champú y de los tristes peines de plástico, acaba confinado en un cajón para futuros viajes, para futuros momentos de improvisación, en los que una no acarrea ni conlleva más que sus propias expectativas. Que no es poco.

Dice la lúcida Verónica Lorenzo que construye, con el devenir de los años, una biblioteca que lo es ahora y será futura, ya que es una joven biblioteca para heredar.  Vamos guardando y llenando estanterías con libros deseados, añorados antes de que lleguen a nosotros. Los leemos, algunos salen de casa y  vuelven. Otros, en extraños y necesarios arranques de generosidad, son liberados del escaso orden de las baldas y se van, felices y contentos, emocionados y con un plausible desconcierto, pegados a la gabardina o a la falda del nuevo poseedor. También los hay castigados, sin inaugurar, rebeldes o testigos de un momento en el tiempo y que respiran el propio aire de su discreción. Libros que atraviesan el umbral de casa heridos con la alegría de una dedicatoria, con olores a nuevo y a humedad de tienda de lance y de segunda mano, viajeros desde Cuesta de Moyano y mercadillos en universidades norteamericanas. Pasajeros extraños, habitantes con derecho a pensión completa y música perfecta, eso conformaría un posible guión de  los libros de nuestra vida.  Desde aquella señora Blyton de la que tanto he hablado aquí, pasando por los años airados y veloces de literaturas francesas e italianas, de otras lenguas, de otros planetas literarios hasta esta última dedicatoria que me ha llegado desde Barcelona y que, también a mí, me ha alegrado el día (¡gracias, guapo!).  Todo ese patchwork de colores y formas en papel, de editoriales diversas y reconocidas, son – ¡otra vez Rob Fleming!- casi un paralelo de las bandas sonoras de nuestra vida. Algunos de mis pobres volúmenes están torturados, otros conviven con fotografías y películas en una auténtica pesadilla para Dewey. Pero qué le vamos a hacer, una tiene que tener un punto ácrata en esta pretendida teoría del orden.

Verónica me cuenta que hay algo que su planeta bibliotecario doméstico no refleja y son todos aquellos libros que vivieron como huéspedes pero que habitaban una casa más grande : la biblioteca pública, la muncipal, la universitaria. ¿Qué dirían de nosotros esos historiales de préstamo, qué mujer era yo o qué sentía cuando, por ejemplo, leía a Ian MacEwan o me dejaba llevar fascinada por Roth, Woolf, la señora Munro, Rivas o Bolaño? Autores, todos ellos, que acabaron en mi mundo propio y privado, en estos ya doblados estantes de mi choza, pero que primero fueron préstamos y líneas en un carnet. ¿Tendría mi historial de lectura pública más “guilty pleasures” de los que podría reconocer? Es genial no ser famosa para que todos estos destripes no puedan salir a la luz por mis posibles e improblables hagiógrafos y herederos, ávidos de ponerme a caldo en un suplemento dominical. Volviendo al asunto: ¿Quién se llevaría después de mí alguno de esos volúmenes? Hay algo de desolador al devolver el libro en la biblioteca, algo semejante al “game over” de aquellas maquinitas de marcianos de los años ochenta y en la que tanta pasta me dejé.  “Adiós, querido libro, ahí te quedas en tu soledad de penumbra bibliotecaria, te llevas una parte de mi vida contigo computable, todo se mide en minutos y horas, en sorpresas, lágrimas y cabreos (alguna que otra vez). Te devuelvo a este mostrador como una dama que envía a su vástago a un estricto internado británico, de esos de llevar pajarita en la cena y calcetines de rombos. Es por tu bien, hijo”. O bien, como despidiendo a un novio fantástico pero de imposible materialización práctica: “No sos vos, soy yo. Es mejor que conozcamos a más gente. Podemos quedar más adelante, en mí siempre tendrás a una amiga”.  O casi mejor, creo que los libros de la biblioteca son como los estudiantes Erasmus que, ajenos a tu vida y costumbres, vienen una temporada a convivir contigo y vuelven a sus propias geografías, felices y distantes, al exotismo de lo diverso que ha sido cotidiano  por un tiempo.

Y no sólo de bibliotecas vive  la mujer lectora : qué sería de nosotros sin todos aquellos que nos llevaron hacia la promiscuidad libresca prestándonos tebeos y volúmenes, alimentando nuestras ganas y ampliándolas, sirviéndonos de tanta ayuda y que formaron, también, parte de las lecturas que custodiamos. Lo que me recomendó tal o cual persona, los gustos de la otra y que yo comparto o aborrezco, todo eso es también parte de la herencia, querida Verónica. Una nube difusa e infinita de pequeños momentos hablando de literatura, de versos, de prosas intensas.  De palimpsestos e hipertextos. De la vida en alfabeto.

Y yo, es cierto, he comenzado este post hablando de maletas y de pequeños botes de gel y colonia fugitivos, de huéspedes fugaces. Son hermosos así, en su pequeña estructura perfecta, en su no quedarse para siempre, en constituir un recuerdo breve y escaso de un hermoso viaje. Como una mirada o el perfume de un transeúnte, eso dejan en nosotros los libros de los otros o los que son de todos, los que viven en esos infinitos depósitos de bibliotecas : una presencia impactante por efímera, siendo ya desde el principio recuerdos de recuerdos de otros, mitad nostalgia y mitad fantasma.  Y a veces, como creo recordar que decía la escritora Virginia, es más difícil matar a un fantasma que a una realidad.

(De lo que pienso de las bibliotecas, de su necesidad y de la construcción de la casa de lectura de todos, hablé aquí)

Tres años de Anchoas y Tigretones

 

y que cumplas muchos más...

Y todo, todo lo que cabe en un post, en un cuaderno digital, en unos comentarios, en este extraño diálogo asíncrono, en todos los colores de mil pinceles, en idas y venidas, en mudanzas y asentamientos, en tantos días y en los años que llegan. Y en los que se van. Gracias a todos. Aquí seguimos.

Digitalismos e influencias

Metrópolis

Está el mundo inmerso en esta desconcertante primavera del 2011, en este toma y daca convulso y desencantado, en  un paisaje extraño que presagia tormentas mayores. Un paisaje muy a la Giorgione, con fogonazos de luces mentirosas, como un juego infantil de cacharritos y vestidos de muñeca a escala menor, reproducciones cínicas de un mundo que ni siquiera a nosotros nos gusta. Parece una fiesta de cumpleaños:  algunos reparten alcaldías en lugar de Sugus, prometen comisiones en lugar de Gormittis de cinco de enero. Otros seguimos leyendo sueltos de periódico evitando ver cadáveres que son de mentira y asesinatos que son de verdad. Nos daría miedo encontrar una fotografía en la que reconozcamos un contexto, un lugar, un latido. Y sentirnos nosotros en alguna sonrisa lejana, desvaída en píxeles pero intensa, dando cuenta de un hallazgo científico o presentando nuestra novela, esa que siempre quisimos escribir. Esta última línea, que es un banal e incierto homenaje a Auster, me hace pensar en simetrías, en ese lugar ajeno pero que reconocemos como propio, en algunas creaciones. Incluso en las nuestras. Si es que existen, claro.

No estoy hablando de la fotocopia, ni tampoco del collage o los acólitos a escuelas que permiten el piercing (mañana hablo sobre el plagio en un periódico, eso sí, que he venido aquí a hablar de mis artículos). Hablo de ese íntimo regocijo, de esa "llegada a casa" que es suponer que, en algún momento, Michon sabía que yo lo leería, otro se sonreiría pensando en que yo reconocería esos remolinos y esos agujeros oscuros, algo mío. Ese devenir, ese devagar. Y también, claro, el resoplido y la frustración de saber que ya lo han dicho, que hemos llegado tarde y que, además, lo han hecho mejor. En ese desánimo, en ese desinflarse ante lo reconocido, pierden muchos autores el tiempo. Y la voluntad de alejarse, de perfilar una individualidad, les puede llevar a transitar selvas tan pobladas que devoran hasta galeones. Eso, desde luego, en el mejor de los casos. En otros, a veces peores, a abandonar el camino, expulsándose a sí mismos de un paraíso que solamente conocen por los anuncios por palabras. Harold Bloom habla de todo esto en The anxiety of influence (de esto y de mucho más, como casi siempre). Y yo creo que esa negación,ese tipex enarbolado por un intento de crear una voluntad de estilo unívoca, es a veces un esfuerzo baldío. No sé aún lo que dice Nicholas Carr al respecto, pero yo sí pienso que si la lectura en la era digital ha cambiado, también la literatura. Y la influencia. Y que aunque el medio cambie, nuestra memoria de lectores sigue absorbiendo e intentando lo que nos conmueve : desde un haiku a un microrrelato, adaptamos y adoptamos. Por medio de la transformación, de aquello que seleccionamos y creamos. Lo que ya hemos dicho tantas veces : un enorme palimpsesto. Con alguna que otra parcela propia. 

Hay  interesantes vueltas de tuerca. Y en  la madeja textual de la red aparecen textos compartidos en Facebook, en enlaces a blogs, en notas, en retuiteos. Ojo, digo compartidos (inciso para recomendar la lectura del site sobre creative commons). Por eso una se sorprende cuando ve cosas suyas que no sabe cómo han llegado a según qué sitios. Y me siento como el que recoge una botella con un mensaje muchos años después, en un lugar distinto y siendo ya casi otro. Otro que, quizás y en una última pirueta, ha querido ser el que lanza la botella de nuevo. Que en esto de los cortas y pega, de verdad, nunca se sabe si fue antes el huevo o la gallina. 

Dos años de Anchoas y Tigretones

 

 

 

¿Quien se apunta a una cerveza?

Hoy cumplo dos añitos, desde un primer post titulado "Autopoética, razones para escribir un blog". A los que han estado aquí y se quedan, a los que se han ido, a los que vuelven, a los que discrepan, a los que les gusta, a los que me ignoran, en fin, a todos, gracias. Y seguimos adelante.

Un año de “Anchoas y Tigretones”

Cumpleaños de mi ciberretoño

Verdades y mentiras de las rebajas de verano

Mis vestidos y zapatos de rebajasTras una semana de intenso escaparateo, pruebas varias, inversiones inapropiadas y reivindicación de mi espíritu Parishiltoniano (quiero tener pasta larga para gastar sin remordimientos) ahí van mis reflexiones sobre "la-ola-de-consumismo-que-nos-invade" al llegar el mes de julio.

1.- La talla 40 es siempre la talla 40, a pesar de los esfuerzos recreativos por cosificarnos en "mujeres campana" y "mujeres diábolo". Ni metiendo la barriga para dentro veinte veces te vale el vaquero de Berskha, mi reina. Si no te vale la talla 40, pídete la 42. Y así hasta el infinito. A la amiga que queda fuera siempre puedes decirle:"No me lo llevo, qué barbaridad, en rebajas sacan toda la porquería almacenada y están fatalmente cortados". Ella, que es bondadosa y magnánima, comprenderá. Las amigas de verdad, ante un probador, no hacen preguntas.

2.-Es increíble comprobar que, a pesar de este cuerpo para el pecado y mi carita de azucena (momento Thais Villas), soy la única persona en la cola para el probador Bershkiano o Stradivariusiano que no tengo piercing. Tampoco soy gótica, emo, choni, pailana camuflada, vejestoria reconcomida de solarium en momento Gloria Swanson ni nada por el estilo. ¿Quién me manda a mí pensar que tengo una edad que no tengo que tener?. Respuesta: Mi bolsillo. Por mí, os lo juro, iría todo el día de Dios de Antonio Pernas para arriba. Pero me quedo con Amancio. Tranquila con él.

3.- Las luces de los probadores intensifican su necesidad de mostrar, a saber: michelines pequeñitos, michelines más grandes, venitas en parte trasera de pierna, sospechosos bollitos de celulitis incipiente,los tomos de la Enclopedia Británica en versión barriga cervecera veraniega, y darte cuenta de que, por mucho, mucho que te empeñes y quieras, siempre se te verán las raíces del tinte en el "momento probador". Humano, demasiado humano y momentazo "danza macabra" medieval que iguala a todos. No hay nada más democrático en el mundo que un probador en rebajas.Excepción maravillosa: probadores y espejos de Mango. Yo en Mango me veo palillo y tía buenísima. No sé si no me compraré un espejo de los que tienen allí.

4.- Hay una relación directamente proporcional y a cuatro bandas entre: tamaño de probador, apretez del vaquero o pantalón en cuestión, necesidad de talla mayor y antipatía de dependienta. Son dimensiones todavía no incluidas en la Teoría de las Cuerdas (Brian Greene  que no me lees, pero que estás en todas las dimensiones de la Física, toma nota).

5.- Una rebaja de cinco euros no es una rebaja. Es una tomadura de pelo. Si a eso le añades todas las incomodidades y humillaciones previamente posteadas, la cosa como que no funciona. Si además, al vestidito palabra de honor-es un ejemplo, no vayáis a pensar- tienes que añadirle, a saber: sujetador sin tirantes, sandalias a juego-las que tengo no molan-, chaquetita modelo Audrey Hepburn, y bolsito, va a ser que no compensa. A pesar de que llego a casa la mar de contenta porque, me queda tan bien, tan bien, tan bien y he ahorrado tanto….Al día siguiente vuelvo a la realidad. No me queda tan bien-"cuando estés morena" añadió la pérfida vendedora : yo nunca me pongo morena, ¿por qué me dejo convencer con tan rastreras artimañas?-no me queda un chavo en el bolsillo y el bolso no pega ni con cola.

Aún así, las rebajas de verano, la prisa, la angustia por llevarse algo, hacen que todos los años corramos como posesos en pos-toma cacofonía-de algún chollito, un detallito que echarnos al body, una sublimación y calma de nuestro consumismo de salón. Otras veces ayudan a darte cuenta de que necesitas hacer algo de dieta, que no puede ser tanto sedentarismo, que quizás cambies de estilo para adaptarte más al mercado o que hay que buscar, a lo mejor, sólo una prenda, pero de buena calidad. Ya. Magnífica teoría. Yo os escribo esto celebrando mi llegada nuevamente a la talla 42, bebiéndome una cerveza en una terraza y deseosa de llegar a casa y despatarrar todas mis compritas encima de la cama, para darme cuenta de que, otro año más, he vuelto a caer. 

 

Teoría y práctica de la miniserie televisiva de fin de semana

Pinup de Elvgren preparándose para ver una miniserieUna de las cosas buenas de haberme dedicado a la teoría de la literatura-si, ya sé, como le dijo el Gallo a Ortega y Gasset "hay gente pa tó"-me ha quedado una desmedida afición de, además de al análisis, la clasificación, la categorización y las taxonomías. Si bien esto es paradójico porque la tag cloud de mi blog no carga desde que circuncidaron a Noé, el encontrar pequeñas miguitas de Pulgarcito, pequeños universos expandidos linkeados entre sí, me entretiene y hace que funcione galopantemente mi materia gris, dado que nadie tiene el detalle de regalarme un Brain Trainer para ponerme a aplaudir con las orejas adivinando dónde está Wally o como hacer una línea recta entre triángulos o algo así sin levantar el lápiz (y digo yo: ¿y q mí qué coño me importa esto?). Pero en fin, querida princesa republicana, no te pongas estupenda que te sale el Cide Hamete que llevas dentro y esto es un Cristo versus Arizona.

Soy de una generación que no cree que la tele sea un coco malo. Hay mucho que hablar sobre esto, pero llevo diciendo mucho tiempo que gran parte de la mejor ficción que se escribe ahora se hace para la televisión. No hablemos solo de "A dos metros bajo tierra " y "Los Soprano", "Verónica Mars" y "Las chicas Gimore" sino también "Lost", "The L word" "Sex in the city" y muchas otras. Gustos más o menos sofisticados aparte, atesoro como uno de los mayores piropos que me han dicho en mi vida que me parezco-sólo en la dialéctica, por desgracia, y de forma muy lejana,-a Lorelai Gilmore. Vaya chorrada, diréis, pero una, que tiene un pasado y presente totalmente mitómano viviendo en los mundos de Yupi, tiene su corazoncito de vieja bibliotecaria y eso…me emociona. Nadie es perfecto.

Ahora bien, a pesar de mi buen gusto televisivo, comparto con mi amiga Patricia-una de las mayores teleadictas que ha parido el siglo pasado, capaz de casi llorar al desprenderse de Canal + sólo por dejar de ver el canal Telenovela-la afición por las miniseries, en especial las de Antena 3 de los sábados y domingos por la tarde. Ahí lanzamos la teoría y a, quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga. 

a)Están hechas a propósito para el momento posterior a la siesta, en las que el estado de inconsciencia del espectador reclama o bien palomitas o bien merendola guarra, tipo patatas fritas y de postre chocolate o pipas, cocacola y galletas Príncipe.

b) Cumplen la heroica función de recuperar a viejas glorias del pasado como Melissa Gilbert, todas las protagonistas de los "Angeles de Charlie" en sus sucesivas etapas (a excepción de Bosley, que ya sería pelín perverso) reconvertidas en señoras de cincuenta bien llevados. También tiene una gran carrera en este género Connie Selleca.

c) Binomio amor-lujo llevado a sus últimas consecuencias. Grandes coches, estética ochentera decadente y escenarios muy American Beauty.Especialmente me flipa la supervivencia de las hombreras y de los pendientes a lo Kim Wilde.

d) Divorcios, infidelidades e incluso vidas paralelas (vi una de Beau Bridges que era la caña de España, el tío con dos casas, dos coches, dos identidades, dos familias cada una en un estado de los USA y las respectivas se enteran porque le da un infarto y las llaman a las dos). Las enfermedades terminales, la búsqueda de un donante y descubrir que todos son adoptados es también algo que ocurre a menudo.

e)  Recuperación de una memoria bastante jodida generalmente a partir de la visión de un juguete de la infancia o de una fotografía que hace desmadejar el hilo de Ariadna para descubrir incestos como casas. Ese es un subgénero que me mola menos, pero que ha parido grandes títulos. Deja totalmente en ridículo al psicoanálisis y a la hipnosis, porque es el juguete o el encuentro totalmente casual de un objeto el que lleva a que una familia se destruya.

f)También es básico que el momento infidelidad se produzca justo, qué casualidad, el día en que la heroína estrena su mejor conjunto del catálogo de Victoria’s secret. Por no hablar de que son las únicas tías del mundo que, después de hacer el amor, se quedan hablando de lo divino y lo humano con la sábana justo por encima del pecho, en plan palabra de honor. Como si tal cosa.

 Y diréis vosotros ¿dónde está la teoría? Y digo yo: pues en el hecho de que mi horizonte de expectativas está ya creado, es inamovible y me reconforta como espectadora competente descubrir las trampas y convenciones del género de la miniserie de fin de semana. Por eso, cuando en el periódico del sábado veo en la parrilla algún título como "El coraje de una madre", "Después del amor" o "Lugares en el tiempo", es un suponer, ya sé que mi vida social para ese día se ve reducida a un antes y después de mi dosis. Porque chicos, a nadie le amarga un dulce. Y que levanten la mano los bebedores de champán francés que en los días de calor de verano no prefieren una buena cerveza fría o una gaseosa con vino tinto…si es que de vez en cuando hay que prostituir el gusto.

 

El insomnio, esa fuente de sopor..(surrealismo salonero, y van tres).

                               Quiero dormirme asíiiiiii

Es altamente posible que mi post de hoy sea más desordenado y surreal que de costumbre, pero es que hoy tardo en despertarme porque no me he dormido desde ayer. Me explico : mi maldita muela que me está desvalijando autoestima estética y económica a partes iguales tuvo ayer una sublime aparición en el cuadro de mis dolores, además de tomarme dos cafés con Hal a horas peligrosas. Como una no está nunca dispuesta a dedicarse a otros menesteres, ahí va mi tercera entrega de surrealismo salonero, compuesta por variados pensamientos productos del insomnio.

. Estoy plenamente convencida de que el Ministro de Cultura, paisano y al que mando un abrazo desde estas líneas porque nunca se sabe si a una la van a nombrar directora general de algo en cualquier momento, es un cruce perfecto entre Pedro Picapiedra y Beethoven.

.No entiendo por qué con lo guapa que es Marta Sánchez, paisana también, tiene ese desmedido empeño en parecerse a Donatella Versace en un momento previo a la evolución de las especies operadas. Marta : eres guapérrima y un supercañón.  Abandona el bordear el versacerismo.

. Flipo con el actor gallego que cada día que pasa se parece más al señor Barragán. Hagan sus apuestas, pero no monologuen, please, llega con él. Y lo hace muy, pero que muy bien.

.Lugar común y estupendo: no entiendo por qué un sistema operativo inventado por un señor que se llama Gates y que se basa en Windows no tiene un botón que se llame Door o Back door para apagarse.

. Viendo una foto de Ana Torroja en la fase final de Mecano entendí lo que habría sido un cruce entre Betty Boop y Terminator. Y también me percaté de que Bárbara Rey y Rosa María Sardá se parecen bastante, hablando de estadios evolutivos paralelos, claro.

Vaya post más raro me ha salido. Pero bueno, es todo producto como sabéis de la psicodelia, no del aburrimiento. Y ahora remato con algo que quiero poner desde hace mucho tiempo. No necesito que nadie me rescate de ningún círculo infernal, pero es que esto me chifla. Bueno, si alguien me secuestra y ofrece una velada deliciosa, rescatándome de todo el curro que tengo acumulado para el fin de semana (preparar un informito, un texto que debo a alguien a quien quiero mucho y que me debe una cerveza, y millones de cosas más) me dejaré convencer. Como decía la madre de mi amiga Loli: "Anda ,que si yo supiera decir no, no estaría llena de chiquillos…." Buen fin de semana.

Cómo perder la dignidad y el sexappeal ante un hombre de forma patética: Kill my glamour (vol.1)

Otra más patosa que yo

 
 
 Para Mr. Big
 
 
 
 
 
 
Exterior noche. Temporal modelo "quédate en casa bonita, que la de hoy va a ser buena". Nuestra heroína, inasequible al desaliento y a las gripes presagiadas por el recién rapado surfermeteorólogo de la TVG (qué has hecho criatura) se embute en modelito "divino minifaldero y me lo compro aunque no pueda respirar" y se sube a la máquina Micra. Entornando los ojos miopes para parecer cada vez más misteriosa, recoge a hombre maravilloso y encantador en su casa. Hasta aquí, todo divino de la muerte. Ahora viene la receta de cómo convertirse en Bridget Jones cuando quieres ser Samantha Jones.

1.- Trayecto en coche. La heroína desea mostrar sus capacidades de chica peligrosa al volante. No sólo se equivoca tres veces de dirección y es reconducida por el hombre maravilloso, sino que está a punto de:

a) Entrar en el recién construido carril bus en calle san Andrés para regocijo no sólo del hombre maravilloso sino también de la cola que se forma tras ella cuando intenta volver al redil de los coches normales. La solución fue enviar un beso muy sexy al barbudito cuarentón que la dejó pasar lo que le proporcionó material de cachondeo con el resto de amigos que iban con él en el coche (hay que decir aquí que la heroína es una labora de curso iniciación al cabaret).

b)Aparcamiento creativo. Tener que abrir el maletero de su coche en el que se agolpan, sin orden ni concierto, a saber: un equipo de música, una lámpara, un pack de botellas de agua para el gimnasio (tal día hará un año), manta (¿?) y el mentado paraguas. Más o menos el mambotaxi de Mujeres al borde de un ataque de nervios. El hombre maravilloso y amigo sonríe benévolamente y se ofrece a llevar el paraguas, que, por supuesto, está roto y es de propaganda cutre.

Hasta aquí más o menos iríamos: Samantha 1/Bridget 3.Sigamos:

2.-Interior noche. Restaurante estupendo. Cena deliciosa., conversación sensacional. Bla, bla, bla, qué bonito todo y qué bien me lo paso. Pasando por alto que en vez de ir al cuarto de baño la heroína se cuela en la cocina, con la consiguiente sorpresa de los cocineros que la acompañan al lavabo. Esto, por fortuna, no lo vio nadie. Bien. Hasta aquí, todo bastante normal.

3.- Exterior con tormenta, modelo noche de perros. La heroína se sienta encima de su bolso de cadenita en el que había empujado todas sus minúsculas pertenencias y no sólo se carga la cadena del bolso como es preceptivo, sino que se incrusta el móvil en las blandeces musleras y eso duele un huevo. Pone cara de "aquí no ha pasado nada" y arranca el coche.

a) MacGuffin en forma de bolardo cabrón que decide echarse encima de la parte trasera derecha del Micra. El hombre maravilloso pone cara de circunstancias y, en su magnanimidad, dice:"Eso no ha sido nada".La heroína se siente reconfortada y dobla en dirección cuasicontraria. Creo que gana Bridget por goleada, vosotros diréis.

b) Sigue un minitrayecto a pie hasta el que a partir de hoy se convierte en el lugar de la humillación suprema. 

Interior noche. Pub precioso, agradable, música divina. La heroína se cubre de gloria al descubrir el único lugar de Lacoru en el que preparan el cóctel favorito del heroíno fantástico.  Samantha asoma pletórica. Conversación estupenda. Ronda de copas. Tequilas y vodkas con nombres imposibles. Y ahí llega el momento. La heroína y el heroíno dan por terminada la noche (son unos estrechos, qué le vamos a hacer) y se marchan recogiendo el paraguas roto, el bolso sin cadena y deciden salir al exterior. La heroína va delante, con presencia y actitud, comiéndose el mundo. Oh, maravilla. Se come también la puerta metálica que estaba a media asta y que habían bajado los dueños del pub en subliminal mensaje de "vámonos, que estos señores se quieren ir". La heroína ve absolutamente todos los planetas del universo centrados en su cabeza. Oye de lejos las carcajadas sinceras del hombre estupendo y, de fondo, la coña desbordada del resto del pub. Bridget sube al podium.

Qué historias le pasan a algunas, ¿verdad?. Lo mejor de todo es que el hombre maravilloso, con una mezcla de condescendencia y cariño te dice que toooooodo eso es parte de tu encanto, que no serías tú si no hicieses esas lorenadas y dice que, a pesar de todo ha sido una gran noche. Qué tío tan majo y tan adorable. Lo malo es que una, consecuente con los hechos, ha decidido llevar a partir de hoy bragas sobaqueras como Bridget ya que me siento más identificada…vaya he cambiado de tercera a primera persona, no sé en qué estaría yo pensando…

 

 

 

 

 

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