Anchoas y Tigretones

El paso del verano

Harry Watrous The passing of summer. Imagen en Public Domain (thanks Metropolitan Museum of Art, NY) y es un cuadro con una maravillosa historia que podéis leer online. Pinchad sobre la imagen y accederéis.

Harry W. Watrous observó a una mujer sentada sola en la terraza de un restaurante francés,casi a principios del otoño de 1912. Se dirigió a ella y le preguntó: “¿Qué, aparece ya el príncipe azul?”. Y la mujer respondió : “No, y ya está pasando el verano”.  Dejemos a un lado ese estigma de expectante guardia asociado a la mujer soltera- qué poco han cambiado algunas percepciones, por mucho que nos empeñemos- y hablemos del paso del verano, de ese istmo entre dos mundos que no tiene nombre ni nada. Este momento del año sin bautizar es la estación perfecta: decae el verano pero se resiste numantinamente; otoño, eres aún muy lejano. Miro,al fondo del armario, las botas con las que saltar los charcos de los próximos meses: están también como dormidas, hoy no es su momento, pero podría serlo mañana. Quién sabe.

Verano, qué rápido has sido y cuánto me diste. Qué poco registré de la falta de horarios, de los planes imprevistos, de la laxitud del tiempo perdido, de los silencios guardados en compañía. Oye, verano, que tengo nostalgia ya de ti cuando aún no te has ido, yo que siempre te desprecié frente al otoño de reuniones caseras y castañas. No me lo tengas en cuenta: ya sabes que mi capítulo favorito de Mad Men es aquel en el que Don Draper diseñaba el carrusel de recuerdos, y estos meses de sol y salitre me han fabricado auténticas bellezas. Verano de 2018, eres ya una vieja película doméstica, temblorosa y de colores desvaídos. Estoy de nuevo en el aeropuerto en la llegada de Marta y Lorea, otra vez las conversaciones en la playa de O Grove y las cañas en el Naútico de San Vicente, el viaje con Javier, Tomi, María e Irene a los cadaleitos de Ribarteme. También el regreso a un apartamento superpoblado, agotados y muertos de risa, después de los conciertos del Atlantic Fest en la Illa de Arousa. Agosto, tú me llevaste a un viaje urbano de libros y conversaciones exquisitas, a hacer nuevos amigos, a recorrer plazas y calles de mi ciudad siguiendo la música, como si esta ciudad atlántica y de viento fuese Hamelin. Otro día fuimos  a Carnota y la casualidad me regaló la foto más hermosa ; también me traje mi cesto de playa lleno de conchas y arena. Ese día- muy poco antes del Ferragosto-  acabamos hablando de Thomas Bernhard en un bar de carretera, también de que divago cuando cuento las cosas. Joder, verano, para no quererte mucho, tengo que decir que te has portado: hasta terminé comiendo natas en Porto, y viendo anochecer en Gaia, qué más puedo pedir.

Comencé hablando de aquella mujer que sentía que el tiempo se le escapaba sin remedio, cansada de esperar un futuro que no llega, que se convierte en pasado en menos de un soplo. Seguramente es la edad, claro: ahora que ya no forro libros, que no espío rotuladores y cuadernos nuevecitos sobre la mesa, todo me parece menos importante.  Eso lo magnifica todo porque – ay, la paradoja- lo fugitivo es aquello que siempre pretendemos enmarcar. Esa es también la idea de escribir: ntentar retener algo, lo que sea, darle la carta de naturaleza real, de que ha existido. Creo que era Perec el que decía que ese modo de conservación tenía que ser meticuloso: un recuerdo siempre es vago aún en la nitidez. Llenarlo de tinta, de negro sobre blanco o de caracteres bailones en la pantalla de un portátil, es lugar a favor de la supervivencia, no sabemos a qué, dado que el olvido siempre viaja con nosotros.

Aun así, este tiempo de tregua entre dos estaciones, vago y perverso como una flor rara, me hace tan feliz en mi lucha a favor y en contra de los recuerdos. Casi tan feliz como el otoño que intento adivinar, cada día, al asomarme a mi ventana.

Bonus tracks:

Tenéis que ver Heavies Tendres en Filmin. Hacía tiempo que no veía una historia tan tierna de amistad:  esta que nos cuenta Juanjo Sáez entre dos chavales de una barriada de Barcelona, justo antes de las Olimpiadas, es para tomar nota.  Música heavy, familias dispares, sobrevivir al instituto cuando eres repetidor o raro, el primer amor. y ser adulto cuando no te corresponde. Todo eso y mucho más.

Yo estoy leyendo Los bellos y los dandis de Clare Jerrold que solamente por la edición de Wonderkammer ya vale la pena. Macaronis, beaux y Bucks, entre otros, en este tratado sobre el dandismo escrito en 1910.

Oh, y me he presentado a un premio literario que no voy a ganar, pero por lo menos me he atrevido. Lo pongo aquí porque así lo disimulo más.

 

 

 

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7 pensamientos en “El paso del verano

  1. Cristina Abella en dijo:

    Siempre es un placer leerte

  2. ¡Ohhh, Que bien describes la transición al Otoño! ¡Desde ahora me va a gustar y todo! Y ya estás tardando en darnos coordenadas de ese premio literario que sí vas a ganar … ¡Me encantas tú y tu manera de describir algo tan poco querido (pobriño …) como es el final del verano!

  3. Fermoso cadro e fermosas letras.
    Os días estanse acurtando de maneira escandalosa e alá vai este verán 2018.

    • Grazas por pasar, canto tempo! Si, o verán faise pequeniño como eses barcos que vemos desaparecer no horizonte…prestoume tanto este de 2018 que aproveito estes días de tregua como un agasallo particular. Apertas enormes!

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