Anchoas y Tigretones

Archivar para el mes “diciembre, 2015”

Desobligarse en 2016

Imagen sin créditos.

Leo el periódico comenzando por el final. Me da seguridad ir pasando las hojas al revés, en un sentido algo disléxico. Comenzar por la clásica entrevista de contraportada, por la programación de la tele- ¿alguien sigue consultándola en el periódico, además de mi padre?-las farmacias de guardia y las noticias de relleno. Quiero poder ir enfrentando la realidad que viene en el medio, como el inevitable caramelo de anís que te colaban en la bolsa de caramelos a granel.  Pasas la realidad mordiente del maltrato, de la violencia, de la oscuridad de un país cada vez más ajeno y extraño, las luchas en los reinos de taifas, la indiferencia ante el hambre y la petición de asilo. Pasas las hojas, llegas al principio que puede ser un final. Y entonces, solamente entonces, le das la vuelta y ves la portada. Y te bebes tu café.

Estrenamos calendario y buscamos, algunos, en qué cae el día de nuestro cumpleaños, alguna fecha que supere el rigor de los aniversarios, el inicio del otoño, los fines de semana que los laicos bendecimos cuando un santo se pone de cara y cae en viernes o lunes, la fecha de la ITV, todo aquello que es obligado. Un calendario es celebrar la falta de la espontaneidad, es cuadricular el futuro. Dice María Yáñez hoy en su Facebook que su propósito para el 2016 es hacer algo semejante a lo que hacía Turturro en Box of Moonlight, aquella estupenda película de Tom Dicillo:  irse a un bosque a tirar el maletín, corte de manga al horario  y abrazar el mundo de lo desobligado. Es así.

Yo quiero aprender  a no ponerme metas excesivamente indies o guachilais. Hay en casi todos los deseos para año nuevo- hablo de redes sociales, del mundo whatsapp y demás virtualidades-una oscilación entre el chonismo lírico, la bondad inverosímil o el cinismo descreído. Ya sé que escribir un blog de provincias para mucha gente es caer en el cuñadismo más absoluto, pero qué quiere: tengo mi corazoncito, me mola decir todas estas cosas y además es gratis. Y el inicio del 2016 va a seguir siendo una lista de graciosidades a las que nadie está obligado. Como tampoco nadie lo está a comprarse una bici, apuntarse a cosas, adelgazar o engordar, hacerse una lista de lecturas imprescindibles y, sobre todo, tampoco lo estás a  compartir con todo dios lo que has leído, si follas mucho o no, los restaurantes a los que vas o no vas,  tus hijos vestidos de catálogo de Nanos o los paisajes que recorres. Quizás lo mejor para el 2016 sea esbozar una teoría de la desobligación, sin orden ni concierto, a cascoporro. Hablar de lo que nos dé la gana, ser todo lo majos y buena gente que podamos, pedir perdón más a menudo y leer el periódico con más detenimiento, sin  emoticonos. Poner a prueba todo aquello en lo que creemos firmemente y contrastar. Y paro ya, que luego me acusan de coelhismo y eso sí que saca la lurpia que hay en mí.

Seguiré leyendo, escribiendo, metiendo la pata y acertando. Y ustedes que lo vean, o eso espero.

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