Anchoas y Tigretones

Steven Patrick, handsome devil

madrid

Desenfocado, sí, pero por fin le hice una foto. Mozz and me.

Fue un día de mayo de 1985. Es más, fue el 18 de mayo de 1985. Contabas los días para atravesar una puerta de destinos universitarios, eras moderna de corazón y querías serlo mucho más. Eras, qué demonios, un topicazo con patas y de ciudad provinciana. Y ese día, aún rodeada de mesas camillas y ganchillo, veías tu ración semanal de La Edad de Oro, donde te nutrías de muchas cosas que eran humo y de otras que no lo eran. Y con tu plato de bocadillo de cena, sentada en el suelo de tu salón, vas a escuchar la entrevista a dos chicos muy desgarbados, muy modernos e ingleses (qué combinación tan letal para una adolescente hormonada) y de los que tarareabas alguna canción de letra extrañamente poética y cargante sin saber muy bien de qué iban, sin saber muy bien de qué  iba nada. Y aparecieron ellos dos. Marr con su timidez mal guardada y, claro, él, Morrissey, precedido de su flequillo, flanqueado por sus pómulos y exhibiendo unos tobillos huesudos enfundados en unos maravillosos calcetines verdes. Y habló. Y habló y habló y habló. Bigmouth. Y ahí empezó todo. Empezaste a pedir que te grabasen cintas, a reconocer las canciones, a coleccionar anecdotario de una de las mejores bandas, a ser fan. Evidentemente, la música para ti ha sido siempre algo muy plural y variado, intermitente a veces, pero la silueta de Morrissey abrazado a su ramo de gladiolos, su chulería arrogante, sus dardos verbales y esa misantropía exhibicionista necesitada de público te cautivaron y lo sigue haciendo. Suena horrible. Es verdad, sabes que suena horrible: es un gilipollas integral y lo adoras.  Y es difícil, muy difícil quererte, Steven Patrick. Y desde aquí agradeces también a todos tus amigos heviochos de tu clase de BUP que entendiesen tan bien que llevases a Morrissey y a Bowie en la carpeta de apuntes, asumiéndolo con clase y pundonor, quizás reprimiendo sus ganas de hostiarte hasta el infinito.

Hablar de los Smiths es hablar de una historia de desencuentros, ataques de cuernos musicales (y de los otros quién sabe), divismo sin fin, creatividad desbordante, mitificación y gloria. Es  hablar de M&M. Y adorar a ambos como un tándem  único,  efímero y salvaje. Haces tuyas muchas de sus líneas. Y al final, para ti, solamente queda él. El bocazas, el que se siente miserable de ser como todo el mundo y que dice que tú, gordita, eres la única. Vale. Pero también esa voz que te estremece hablando de la belleza devastadora, del deseo y necesidad de ser amado, de la muerte inesperada de los niños a los que asesinan, de lo turbio del deseo desigual, del maltrato y del desarraigo. Que deseaba la muerte de la Thatcher, el exterminio de las familias reales, y te da el coñazo vegano a la mínima de cambio. Que despreciaba la solidaridad a golpe de chequera de Louis Vuitton. Y era, también, el pseudandrógino  que se abría la camisa y enseñaba un cuerpo esquelético  pidiéndote que te casases con él o que lo desvirgaras. Y es, treinta años después, un señor con halo de antipático y misántropo que se hace fotos con fans en la calle, que sigue dando leña para cultivar su propia leyenda, que no teme -o eso dice- a la muerte y que tiene como profesión principal dar grandes titulares. Eso y también el que sigue escribiendo sobre la necesidad de amor porque lo niega, el que se permite rollos hardcore como November spawned a monster, el que en medio de un tenderete comercial te estampa rarezas de extraña belleza como Neal Cassady drops dead. Y ahí, ahí reconoces la marca de la casa : ese constante coqueteo culturetas y autocompasivo, ese “mamá,quiero ser Oscar Wilde  pero no acabar como él”, esa permanente nostalgia por lo que queda en las páginas de los libros que has leído cuando los terminas…Moz, hijo de bibliotecaria, se te ve el plumero. Y esas cosas son-voy a ir pasando ya a la primera persona-las que nos dan caricias leves en el maltratado corazón a los fans cuando intentas defenderlo: “Sí, es un capullo integral pero…hace esto, esto y esto”. Y yo ya sé que convenzo a muy poca gente. Pero me quedo a gusto.

Y luego viene la parte de estricta mitomanía estética : sus flequillos, sus chaquetas de punto, su clase irreprochable, su narcisismo en la pose, la media sonrisa y el inmenso, inmensisimo océano de los ojos.  Y el concierto de Madrid de hace dos días. Y a mí, pues qué quieren que les diga, preferí que no hubiese teloneros. Me gustó ese “passions just like mine” que incluía vídeos de los Ramones, The New York Dolls, Anne Sexton recitando “Wanting to die” , Chris Andrews, mi armenio favorito Charles Aznavour, y alguna referencia  que no pillé muy bien a Coronation street, la mítica serie rodada en Manchester y de la que Morrissey es rendido fan.  Y que se te encoja el corazón  cuando sale al escenario y lo llena ya desde una esquina diciédote que tiene grandes noticias, que la reina ha muerto. Y yo,con mi camiseta de The Queen is dead, a punto de hiperventilar o, de como dice mi amigo Javier: “memueromuerta”. Y verlo ahí, como símbolo de una historia que es también la tuya, la mía, la banda sonora de tu vida, es un momentazo. Por supuesto que lo habría abucheado en el medio: soy fan de este mancuniano, hay que odiarlo y amarlo a la vez. Me espantaron las imágenes de mataderos. Me encantó llamarles dumbs a Will & Kate. Me faltaron canciones, no solamente de los Smiths, pero me dio igual : ese final épico, maravilloso, con todos coreando How soon is now?- acunados previamente por Asleep– ese himno a los hijos únicos insufribles, a los que alardean de nula vida social cuando buscan el refrendo popular y de todos,  a los que se creen que siempre habrá una vida mejor para ellos pero que no la merecen. Qué coñazo somos los fans, de verdad os lo digo. Y claro que hay postureo y chorrada épica … por Dios, es Morrissey, claro que sí.

Yo llevaba treinta años esperando ese momento. Treinta, se dice pronto. Porque al final, como sucede en las canciones de esta mi banda favorita, y como dice este chico mío tan favorito:

But don’t forget the songs

That made you cry

And the songs that saved your life

Yes, you’re older now

And you’re a clever swine

But they were the only ones who ever stood by you

NOTAS

El programa del que hablo se puede ver en la web de RTVE y en Youtube  La Edad de Oro: entrevista a The Smiths Yo creo que la fecha está mal, porque la entrevista se hizo en las fiestas de san Isidro, y creo que era mayo. Pero bueno, por Dios, ese momento en el que Paloma Chamorro le llama hipócrita al bueno de Johnny Marr, tilda a Morrissey  de “chico solitario y sensible”…y Mozz aguantando el tipo, poniendo caretos y dando la brasa con lo de la carne al final.

Gracias, como siempre, a Fran Lara por toda la música del mundo y por entender  tan bien lo pesada que soy. Y por The sound & the fury, que si no conocéis, debéis, para agradecérmelo toda la vida.

Tengo este Pinterest que es insufrible para cualquier persona que no sea fan de Morrissey: The Steven Patrick Appreciation Society .Ha habido hilos muy interesantes sobre el concierto en Facebook y Twitter.

Y sí, soy fan también de Johnny Marr y  me parece un guitarrista impresionante, magnífico y con un talento tremendo. Hasta las narices de la prensa musical que no estuvo en el concierto y dice tonterías, así como de los odiadores profesionales de Morrissey que ahora descubren a Johnny Marr y pretenden que haya que querer más a tu papá o a tu mamá.

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