Anchoas y Tigretones

¿Dónde estabas tú en febrero de 2014?

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En febrero del 2014 se sucedieron varias ciclogénesis explosivas. La lluvia se convirtió en paisaje infinito, las botas de agua en el triste uniforme de un internado de castigos, el viento en un ogro que devoraba ciudades costeras. Ese febrero, este febrero, tu coño dejó de ser tu coño y tu cuerpo un lugar diferente a tu corazón y tu cabeza, gobernado por seres extranjeros que derivarán por tu sangre y tus lágrimas. El segundo mes del año, por si todo esto no fuera poco, aprendiste a rellenar solicitudes de cualquier empleo sabiendo que no sirves, que hay edades que es mejor no alcanzar para las estadísticas y rellenas formularios mintiendo en casi todo.  En febrero de 2014 los disparates fueron el léxico cotidiano, la gramática exagerada e imposible de lenguas que no conoces.   También fue el momento del año en el que los programas políticos se convirtieron en jaculatorias, las pintadas en graffitis urbanos, tachando unas, poniendo otras, siguiendo una coreografía de bailarines segundones.   Ese mes de febrero no hubo Carnaval porque no hay carnaval sin disfraz de cura, monja o guardia civil. Y te quisiste comprar un mostacho para hablar benemérito en la intimidad, pero no te dejaron, porque el país en el que tanto llovía no había parodias ni caricaturas que valgan. Y mirabas llover.

En febrero de 2014 viste también cómo tu madre pagaba dos veces por sus medicinas. Empezaste a entender que, quizás, no bastaba con poner un puñado más de lentejas en la cazuela y volviste a saber lo que era pasar frío de verdad. Ya no sabes lo que es noticia y lo que es propaganda. No es posible hacer literatura, los escritores están demasiado ocupados tuiteando. Hay mucho ruido y pocas furias. Todo se gasta en cacareos que duran lo que la caña que te tomas en el bar. Una de las últimas que podrás pagar, seguramente. Y miras afuera y sigue lloviendo. Y tú, como no puede ser de otra manera, miras llover. Y también oyes llover.

También, mientras la lluvia sigue dibujando círculos en charcos rebosantes, hablas con la pared sobre la falta de ética (en general), de compromiso (también así, en general), de la apatía de los jóvenes, de su falta de espíritu crítico. Y sigue lloviendo fuera y tú, mientras, hablas con la pared llenando el aire de argumentos que se desvanecen como el vaho de los cristales de las ventanas, ese en el que dibujabas monigotes y soles con ojos y sonrisas. Hablas mucho, haces poco, oyes llover y miras los charcos.

A lo mejor tendrás que pensar en qué vas a responder cuando te pregunten dónde estabas tú, qué hacías tú, en febrero de 2014.

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3 pensamientos en “¿Dónde estabas tú en febrero de 2014?

  1. Jake Finn en dijo:

    En febrero de 2014 estuve en casa con el abrigo y la bufanda puesta como hacían mis abuelos. En febrero de 2014 cambié las suelas de los zapatos, desgastadas de ir andando a todas partes. En febrero de 2014 engordé diez kilos por comer comida más barata y de peor calidad. En febrero de 2014 trabajé de sol a sol por un sueldo que se me agotó el día 20 y luego perdí ese trabajo. En febrero de 2014 mi hogar se quedó a oscuras. En febrero de 2014 vi a Charles Dickens volver a caminar por las calles. En febrero de 2014, en suma, morí y resucité.

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