Anchoas y Tigretones

Más otoños

raincoat-pinup1

Imagen tomada de cherryblossomsphoto.wordpress.com

El otoño son katiuskas estrenándose en charcos de penumbras.  Son los planes que haces un sábado por la mañana, cuando las horas del fin de semana parecen multiplicadas en espejos increíbles, llenando de neones atrayentes un contenedor vacío con forma de tiempo.  El otoño es breve y pequeño como un escote primerizo. Es indeciso y caprichoso. Es un hermano del medio que no es ni mayor ni consentido. En realidad, para qué engañarnos, el otoño es una mierda. Te entra el spleen y se te quedan los escombros de dentro con luz mortecina. Te da por hacer limpieza de armarios o por salir de ellos, que todo puede darse. Me acuerdo del que decía que el otoño era enfermo y adorado, no lo sé, pero cada vez veo más malditismo con estética de Bershka y más enfermedades hondas y sin cura.  Antes el otoño era, ya lo he dicho, una atalaya que oteaba las vacaciones de Navidad, un par de hojas de calendario sobre las que arrastrar la melancolía de los amores del verano, era todo y no era nada. El olor a castañas que invadía la calle, la oscuridad más temprana, el estirar el domingo antes de la angustia del lunes en el autobús.  Das una patada en el suelo y salen tropecientos poetastros otoñales con sus estéticas de romanticismo alemán, sus tormentas y sus oleajes, sus flequillos y su hambre de rimas asonantes.

Hubo un tiempo en el que el otoño era estación favorita. Cómo no rendirse a esas primeras heladas, a los lugares de hojas cobrizas, a los chaparrones inesperados, a correr bajo la lluvia y empaparse en los charcos. Luego, eso sí, buscabas esos ojos que son siempre salvavidas, una brújula para abrazar circunstancias en plural, salías a la conquista de las calles conocidas y aprendías a renombrar el planeta con un léxico joven e inesperado. Todo daba igual porque el otoño sería barrido por un invierno de estudios y rigores, de ver pasar la noche con cafés y sumando farolas encendidas a través de la ventana de un piso alquilado. Otros otoños con el mundo como incitante caramelo, otros momentos de música rigurosa, de mandar la lógica a tomar por saco y dedicarse a perder el tiempo.  Eran principios para perder los principios, finales con los que hacer punto y seguido. Era la vida.

A mí este otoño me ha pillado leyendo a Salter, llorando a Lou Reed y deseando reanudar conversaciones. En un año en que tantas amigas han emprendido aventuras lejos de aquí, en el que cada vez tenemos menos en bolsillos y neveras, en el que no acabamos de liarla parda porque todavía conservamos la anestesia del cloro y el salitre; no sé yo cómo atravesar los octubres y noviembres con el ánimo hacia arriba.  Supongo que se trata de esperar que vuelvan a regalarme música, a ayudarme a poner bandas sonoras a los desencantos de la recta final del año, a empezar frases que otros terminen, a recuperar complicidades y proyectos.  A vaguear en conversaciones infinitas, a engancharme a risas esperadas, a taparme con una manta hasta los ojos cuando no quiera ni oir hablar del mundo.

Yo lo que quiero es saltar los charcos del otoño con la alegría de antes.

Navegación en la entrada única

7 pensamientos en “Más otoños

  1. A mí el otoño, aunque parezca cada vez más la época del monzón, sigue siendo mi estación favorita. Son los chocolates con churros, los abrigos, las botas, los jerseis de entretiempo, las tardes que no importa desperdiciar en lectura, té y galletas porque, total!, afuera el tiempo no es mejor. Es mi estación, definitivamente.

  2. Me ha gustado mucho. Creo que odio también el otoño, pero de siempre. Siempre es de noche. Pero el romanticismo alemán está bien, aunque angustie. Odio las katiuskas. No sé si es peor este noviembre que amenaza, o la odiosa primavera. Los estómagos sensibles sufren de los equinoccios. Felicidades, es un texto precioso.

  3. Están as castañas. A calor na man pola friaxe da rúa, o son co que creba a casca, o sabor entre doce e acarbonado.
    O de saír do armario lémbrame o da miña avoa. Xuntabámonos dentro nós -catro irmáns-, meu curmán e miña curmá, e alí permaneciamos en silencio, ata que alguén abría a porta, e saïamos en tropel.
    Bicos

  4. El otoño sigue siendo la estación favorita porque no puede ser otra cosa. A pesar de la dorada luz que barniza el mundo de belleza en verano, a pesar de la promesa de aventuras con gorros y bufandas a lo Siete Secretos del invierno, a pesar de los placenteros paseos con un libro bajo el brazo en primavera, el otoño se renueva a con cada una de nuestras edades. Por muchas metáforas que genere sobre el frío, la soledad, las sombras, la tristeza y la vejez, el otoño es la impaciencia por comenzar el curso, por reencontrarse con los viejos amigos y, tal vez, por descubrir nuevos amores. Y es también el tiempo de recogerse en casa con la ropa más cómoda, de permitir que nos moje la lluvia por la pura diversión de volver corriendo al hogar, de experimentar con recetas y guisos, de pisar el suelo descalzos y descubrir que el frío es casi impertinente, pero todavía agradable. Yo creo que el año empieza en otoño porque es cuando hacemos nuestra lista de buenos propósitos y todavía podemos creer que, de todo aquello que deseamos, algo se nos va a conceder.

    • @verónica: te emplazo a un chocolate con churros en Bonilla para celebrar o inicio do outono.🙂 Gracias por comentar.
      @Maite Fíjate, a mí me pasa como a Jake Finn, es época de reencuentros. Solamente que hay otoños y otoños, me lleno siempre de expectativas que, luego, no sé por qué, creo que no se han cumplido. Y, a lo mejor es que no hay más, que otoño es esta época de impasse. Gracias por pasar por aquí.
      @Carlos: castañas, castañas, nos comezamos onte a tempada…e si, é do melloriño do outono. Por certo, eu tamén xogaba ao mesmo. E se non me atopaban ou non facían por buscarme, facía ruido dentro do armario para que viñeran a atoparme xa. Grazas por pasar por esta casiña.
      @Jake Finn: Poder vivir una aventura de los Siete Secretos, con linternas y reuniones en el cobertizo, con Scamper, aquel perro bendito, a los pies, ya es una promesa de buen comienzo. Y los reencuentros, claro, esos son lo mejor. Bienvenido y gracias por comentar.

  5. a min entusiasmame cando comenza o outono. Tamén a primavera. as outras dúas estacións son … a continuación esaxerada.

    • Da vostede no cravo coma sempre, querida Zeltia. A singularidade do outono e da primavera é, precisamente, que son os irmáns do medio. O demáis, continuacións esaxeradas. Grazas por pasar, un biquiño.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: