Anchoas y Tigretones

Archivar para el mes “julio, 2013”

Solamente distinto

gemelas el resplandor

Fotograma de “The shinning”. Tomado de http://intramuros.es

Alguna vez, no recuerda cuándo ni siquiera dónde, leyó un cuento extraño, dentro de la extrañeza que contienen todos los relatos breves.  Sobre rutinas, rituales, sobre la capacidad de los actos repetitivos para llenar de de extraordinario todo aquello que el ojo observa y en lo que no repara porque es el marco de lo doméstico. El edificio de enfrente bañado por la luz de las ocho de la mañana, todos los días, la misma hora, su silueta recortada contra lo eterno, la voluntad de lo efímero por diluirse y la necesidad de entomólogo de capturarlo, de pincharlo con un alfiler contra el álbum de lo recreado. Sí, esto era lo que hacía Auggie Wren. Y encontrar así la diferencia de la similitud y la construida dignidad de lo cotidiano.  Auggie, por lo tanto, creaba su propio álbum de repeticiones en las que el observador tendría que buscar aquellas diferencias que, si existen, justificarían la obra por su propia singularidad. O no, a la Warhol, cambian los colores pero no los objetos : ¿esto los hace diferentes? ¿o en el arte, o en la voluntad del artista-el reino de libertad más ácrata y completo- entra la paranoia de repetirse hasta el infinito? . Si alguien está leyendo aquí-rayando peligrosamente con la paja mental- o no, que para eso es un territorio- o reino, o república independiente de mi casa- pensará que a dónde vamos con este razonamiento tan peregrino (me encanta utilizarlo como adjetivo, ya saben, sintaxis y semántica propias, qué coño).

Dice el diccionario que un plagio es copiar en lo sustancial obras ajenas dándolas como propias. Me gustaría saber qué es lo sustancial. ¿Plot, history, trama, argumento? Venga, vayamos a Perogrullo: la historia de la literatura es un constante y onanista plagio de sí misma.  Una reutilización de modelos, sublimación de mitos, ampliación de territorios y horizontes. Lo decía Genette hablando de palimpsestos, lo hace-en cierto modo-Harold Bloom hablando más del descubrimiento de trazas y rastreos (y del pánico a que podamos negar nuestra unicidad) y otros hablarán de un common ground.  Entre el “ctrl+c-ctrl+v” de los nativos digitales en el territorio comanche de internet hasta negar la posibilidad de un doppelgänger. Huevos y gallinas. Y, también, hijos que superan a padres.  No sé si el hecho de que un escritor sea ya alguien reconocido y consagrado lo exime de ciertas sospechas. Sé que sí hay muchas ganas de mamporreo ante quien detenta éxito, o un cierto tipo de éxito. Y a todos se nos pone un poco de cara de Salieri de vez en cuando. O de ganas de blandir una extraña vara de medir originalidades: ¿puedo contarte lo mismo y que sea diferente? ¿qué límite hay entre un homenaje y fotocopiarse una idea con otra caligrafía? Y yo qué sé. Dejemos a los muertos que entierren a sus muertos.

La copia, el plagio, hay veces que es una bendición. Y piensa, otra vez, en las rutinas que se copian a sí mismas y en la paradoja de que sean diferentes a su vez. En que alguien quiera, porque sí, preparar sus buenos días y buenas noches para ti, tan similares pero distintos. En escogerte las músicas que te acunan y te despiertan.  O en las ganas que descansan en una piel ya conocida, tan diferente a otras ganas de otros momentos y tan iguales, tan únicas porque son familiarmente distintas.  Y en lo difícil que es, a veces, en una trayectoria y construcción de años, significarse, fotografiar las mismas paredes, las mismas luces a la misma hora, lo difícil que es que lo que se repite no canse. Y se  pregunta cuántos hombres y  mujeres estarán creando estos álbumes cada día, esa recolección valerosa de croquetas hechas con sobras de nevera, de crear una nueva camiseta para tu hija quinceañera de algo que ya tienes en casa pero que coses, agregas, redimes. Avanzando los días, tan iguales, tan domingos de Jean Dezert, tan cuesta arriba.  Pararse a mirar, un día tonto de semana, los ojos que llevan mirándote tantos años y encontrarles las arrugas y los deseos, algo así, tan raro y distinto. Ese es el plagio que interesa: el que te mira y te reinventa la hormona adolescente. Nada más. Lo otro, son señores académicos tirándose los currículums, las comas y los puntos a la cabeza.

Y en una pirueta final, resulta que ella ya ha escrito sobre esto.  Y otra vez. Y otra más. La ansiedad de la propia influencia, forma sofisticada de onanismo.

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Te grabé una cinta

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Cinta TDK. Imagen tomada de Wikimedia Commons

Siempre habían sido el mejor de los regalos. No, no necesito aquellas cajas tan exquisitas con todos los compacts apilados, con todas las remasterizaciones del mundo, con certificados de legítima unicidad. Puedo contener mi fetichismo. No. Lo que más me han gustado siempre son las cintas que me habéis grabado a lo largo de los años. Las primeras, con los Beatles y los Dire Straits, alguna de los Rolling,o Traffic, Dylan o Neil Young ya ni me acuerdo. Siempre había alguien un poco mayor que tú que quería hacer de catequista. Tuve, claro, los bolsillos afilados de ser una niña sin paga dominguera, con ahorros escasos para saciar literaturas, y todo aquello me llevaba a la música enlatada, a la benevolencia de amigas con hermanos mayores que consumían vinilos y eran admirados poseedores de dobles pletinas y, a veces,con estudiada displicencia, te alargaban la cinta (ojalá fuese de 90 minutos) con la distante mirada del profesor entarimado. Estallaban los gustos musicales que alimentabas con radios y rezando porque volviesen a poner “aquella canción” que tanto te molaba. Comprabas tus cintas  vírgenes-siempre me hizo gracia llamarlas así-y las entregabas, aguardando que te devolviesen guitarrazos ajustados, algo que pudieses llevar ya, con tu adolescencia de carpeta y pegatina, en los primeros walkman que existieron, una forma ochentera del Nunca Jamás del aislamiento. Yo y mis walkman, los “cascos” como los llamaban nuestras madres, con miedo y rezongando un poco. Quizás nuestras madres habían visto muchas veces la Naranja Mecánica y nosotros no lo sabíamos, esa era la duda.  Rebobinar para chapurrear imposibles e inexistentes palabras en inglés, buscar el boli Bic para darle la vuelta, el terror de que alguna se rompiese.  Y acumularlas en mochilas de instituto y BUPs, cambiarlas, prestarlas y, sobre todo, que te las regalasen. Que las hiciesen para ti. Y yo pasaba horas escuchando todo aquello, recorriendo con los ojos las cajitas apiladas en el estante, observando las distintas caligrafías que poblaban los nombres de las canciones. Una de mis favoritas, con The Queen is Dead de Los Smiths, la letra redondita y grande de una buena amiga.  Y una de The Cure con las letras sangrando, otra de la Velvet Underground  que imitaba  (hay que tenerlos cuadrados) la portada de Warhol (me parto, lo juro).  Otra de Oasis adornada de margaritas en los puntos de las íes y en otras letras (los hermanos Gallagher nos hostiarían fijo).  Aquella de La Mode por un lado y Radio Futura por el otro ( y que la madre de una amiga llamaba “la cinta de la enfermera” porque tenía, claro, “Enfermera de noche” en la cara A y la poníamos hasta el infinito) . Mi madre, por cierto, llevaba algunas de Mari Trini en el coche.  Cómo me gustaba cantar a mí, con la nariz pegada al cristal, “Yo no soy esa que tú te creías, una señorita, tranquila y sencilla”. Toma ya.

Y podría seguir, pero no es todo esto de lo que yo quería hablar hoy. Y sí, están los compacts y los Spotifys, las listas creadas para tal cosa y tal otra, y todo lo que queráis. Hay muchos amigos que llevan años regalándome cintas de otro tipo. Creando playlists de muy larga duración  en forma de buenos consejos, mejores escuchas, alguna que otra puntualización.  Regalando tiempo. Y creo que es verdad lo que dice Fran Lara aquí y, espero que no le importe que yo tome prestadas sus palabras, al menos, las primeras: “Hay personas sin las que no podría vivir”.  Y es cierto. Más que las canciones, ellas sí son la banda sonora de tu vida. Los grandes éxitos o los greatest hits. En este caso, lo que quieres y también lo que necesitas. Y que no te falten y sigan grabándote cintas muchos años.

(Y escuchad el enlace que he marcado. Yo creo que me lo agradeceréis).

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