Anchoas y Tigretones

Analógico/Digital (16): principios

Imagen tomada de stylelemon.com

Valía la pena escoger bien el principio.  Él dijo : “Me gusta el de Arquímedes. Por acuático y por sensual”.  Ella sonrió y recordaba que parte de las mejores conversaciones las habían tenido sumergidos ante aquellos azulejos tan setenteros, aquella bañera desconchada que llenaban de agua hasta arriba, atascándola con perlas de aceite y confidencias extremas. Les gustaba así, hasta la llegada de esa tiritona que precede a la toalla, antes de tener que desasirse y encarar el mundo de cenas sin hacer, picnics improvisados sobre la alfombra de Ikea del salón, los ojos vacíos de las sardinas en lata, el estallido de las patatas fritas luchando por salir las primeras de la bolsa. Ellos eran esto: la compañía en albornoz,  la melena mojada y comer sin etiqueta, atrincherados de cervezas y escalofríos, reservando el calor para más tarde en la noche. Fue en una de esas escenas tan “desayuno sobre la hierba de ciudad dormitorio” cuando empezaron a reflexionar, en alto, sobre los principios. Por eso él dijo lo de Arquímedes.  Ella, que parecía tan sensata, pensaba en el principio de Pareto : en los “pocos de mucho”, en los “muchos de poco”, en cómo perdía a veces energía y maneras con algunas estadísticas, cuando los borrones escritos, que ya eran de otros al navegar en universos digitales, pasaban desapercibidos, tanto como esos asesinos normales y corrientes que conviven en la misma escalera que  señoras entrevistadas en programas de por la tarde.  Era cierto : no podían articularse comportamientos, tampoco saber si las líneas temblonas iban a seguir un riguroso itinerario,el que comienza al sur de fibras ópticas y tecnologías.  Él sabía que ella se enfurruñaba mucho con todo esto y, por eso, ofreciéndole una cucharada de helado, mirando fijamente aquellos ojos de tristeza desilusionada, le dijo, esbozando la penúltima sonrisa:

-“Creo que vamos a poner punto y final a las decepciones. Todo tiene que ser así, como si tal cosa, como que no nos importa. Yo escribiré para ti. Y tú para mí. Y eso, solo eso, tiene que bastarnos. Será un ecosistema perfecto.”

Ella lo miró con admiración y glotonería. No hay nada mejor para levantarle a alguien el ánimo que establecer, como fondo de armario, el principio de incertidumbre.

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