Anchoas y Tigretones

Galletas sin chocolate

Imagen tomada de Dyingforchocolate.blogspot.com

 

Lleva aquí la perpetradora de este blog, antes conocida y comentada como Sigrid, una temporada un tanto mohína y con pequeña pesadumbre. No es spleen, ni siquiera me puedo permitir ese lujo. Los que gozamos o sobrevivimos en cierto contexto “low cost”  somos como los vulcanianos con la risa: no podemos permitirnos dejarnos llevar por esa posible  forma de  atavismo  que, dicen, es la tristeza.  Conseguimos apartarla, mal que bien,  como a las anodinas galletas sin chocolate y colorines que vienen siempre de relleno, para completar, en los surtidos galleteros de marca blanca. Y se van quedando, cada vez más blandas y menos apetecibles, con la convicción absurda de que alguna vez nos las comeremos, mientras damos cuenta de las nuevas, frescas y exhibicionistas que aparecen en la nueva caja.  Pero siguen ahí. Y no las tiramos, quizás rebuscando mentalmente alguna justificación, o intentando perdonarnos nuestra frivolidad, nuestra nula ética, la poca conciencia solidaria con esas galletas que habitan en su caja. Seremos insensibles…

Me pregunto dónde guardan los demás esas galletas de tristeza.Y también por qué el afán por conservarlas.  Tener un motivo para el posible regodeo ¿nos humaniza o nos convierte en unos gilipollas importantes? No hablo de la curación, del sano lenitivo del paso del tiempo. Hablo de tener a mano, aunque escondido, una forma de fustigarse, de encontrar un automático punto de partida para las lágrimas, para la mala baba, para la ira torrencial, para mascar. La que convierte a mucha gente sensata en energúmenos anónimos en foros de internet, en comentarios en periódicos, en amenazadores de la diferencia, en los Jekyll & Hyde contemporáneos, en lo que no deberían ser.

Hoy el texto es “pretexto para hablar del contexto” que, la verdad, no ayuda nada : esa nube de etiquetas  poblada por sinónimos de crisis, desempleo, recortes, corrupción, yernos, hambre. Todo eso  aquí, en el planeta pitufo en el que se ha acabado la fiesta.  Y una piensa que a los que ya hemos sido etiquetados como “low cost” por no sabemos muy bien quien (¿alguien conoce a Standard & Poor’s?) somos como esas galletas que yo pensaba que eran solamente tristeza y que se podían arrinconar. Iguales a tantas otras. Y que da igual que seamos cinco millones que seis. Nadie nos verá.

 

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4 pensamientos en “Galletas sin chocolate

  1. Pedroooooooo en dijo:

    Desde que te has cambiado de casa estás más melancólica. Yo creo que es por abandonar a Sigrid y eso no puede ser😉

    Y dos apuntes más: las galletas son muy beisboleras y el planeta pitufo ya tiene capital>> http://www.elpublicista.es/adjuntos/RA9Q2653_1.jpg

  2. esplédida, como siempre….. y piensa que todos los que somos galletas sin chocolate podemos convertirnos el jueves en turrón de chocolate suchard…. (no sueña el que no quiere… jeje)

  3. La caja acaba quedando vacía…

  4. Acabo de falar cunha nena de tres anos que aínda cre nos Reis. Ao seu irmán, de sete, nótoo máis escéptico. Estes días inventárononse para os nenos…
    Mentres latexe a ilusión dun neno que cre no Nadal, aínda non está perdido todo.

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