Anchoas y Tigretones

Archivar para el mes “junio, 2010”

En un cuaderno Moleskine (6)

El Moleskine sigue dándome sorpresas. La última es esta hoja, que, desde luego, promete una nueva vía:

"Me hace gracia, porque estoy escuchando "Ocho y medio" de Nacho Vegas y aquí también gotea un grifo desde hace tiempo. Llevo conviviendo días, semanas y meses con ese tictac, con ese runrun,ya tan cotidiano que ni lo siento ni lo noto. Desde este sofá veo el rastro que las gotas de lluvia han dejado en la doble ventana, es el poso de ese invierno en el que todo voló. Antes me fijaba más en el reflejo del sol, ahora sólo veo rastros de gotas de lluvia. Pienso en que alguien debería limpiarla, como una letanía, como una nueva fase de la procrastinación, como si no supiese que si yo no lo hago, nadie lo hará. Ya olvidé cómo es la teoría del dúo, el no importarme el olvidar el pan porque siempre a alguien le iba a emperezar menos que a mí salir a comprarlo y, además, traer el de cinco cereales, que es el que más me gusta. Pero claro, la pereza casa bien con el espíritu libertario, el  de la reina del castillo que visitan capitanes, donde se rinde pleitesía, pero no hay pensión completa. No, la maldita tiranía de los objetos inanimados que pertenecen a una realidad paralela, molestan, pero no superan. A veces añoro el plural sostenido en dos cepillos de dientes, en distintas cajas de cereales de desayuno, en ponerme pantalones ajenos. Pero más que nada la tela de araña trenzada al  leer el periódico por encima de un hombro. Algunos días hasta me jode que nadie complete los crucigramas inacabados. Pero he de decir que son los menos. Si quisiese comenzar ahora un diccionario, no comenzaría por la ese. Lo haría por la ele. Libre y con nombre propio. Con todo lo bueno y lo malo, que lo hay".

 

 

Analógico/digital (3)

captura de twitter
 
 
No sabía cómo decíselo. La verdad : aquello no iba bien. Abrir el buzón del mail no era ya emocionante,no la hacía temblar. Todos sus mensajes eran powerpoints anodinos, repetidos, con rositas que se abren, pensamientos de Tagore, música chill-out, y peticiones de no romper la cadena. "Yo no me echo un novio digital para que me pida que siga con lo mismo", se dijo a sí misma. Decidió que ciento cuarenta caracteres eran suficientes. Abrió su Twitter. Y escribió: "@misterx me gusta la vida fuera de todo esto. Quiero cervezas, mirar a los ojos, realidades que se rompan. No funcionamos. Adiós". Qué fácil. Y aún le habían sobrado…Al poco rato, su línea de twits empezó a llenarse de su mismo mensaje pero partiendo de otros habitantes. Con arrobitas y reenvíos. Cada vez un poco más pequeño su mensaje original, la cadena crecía.  Se empezó a añadir, al final, una especie de miniestrambote común, una coda en todos ellos, una almohadillita (algo así #) con la leyenda #noteaguanto. Contenta de su recién estrenado estatus de creadora de tendencias, sonríe pensando  no sólo que siempre hay un roto para un descosido, sino que cuando no se te ocurre nada interesante siempre puedes retwittear.

Carta en junio de una desconocida

Esto es para ti, que me regalaste unas alas cuando solo tenía plomo en los bolsillos. Por todos los paisajes recorridos sin movernos de una terraza en verano. Para mí, que he viajado tanto, y para ti, que me llevaste a otros planetas, a otros bosques, a otro mar. Para ti, que me prometiste un mundo y que, al final, conseguiste dibujar un mapa del tesoro. Porque hay aniversarios y aniversarios. Porque una nunca olvida el día que deshizo, por última vez, la maleta.

Memoria, memoir, aterrizar, volar…

La condición humana

Leo en El País un artículo sobre el auge del género de la "memoir", del recurso que utiliza la primera persona casi como una excusa, como un pretexto para ahondar en otras vidas, transeúntes en un principio, protagonistas al final. Desde Kureishi a a Richard Ford (hablábamos en las Anchoas de él hace unos días) el pretexto reconduce a narrar una historia que, a diferencia de la autobiografía, está cerrada, está vivida, ya es pasado. Echo de menos en la nómina que maneja  Javier Rodríguez Marcos,exhaustiva y variada,al espléndido Vikram Seth y sus Dos vidas, aunque esta, ligeramente se aleje de este marco teórico que el crítico expone. De lo que sí habla este artículo, de ahí su especial interés para mí, es de utilizar el género para ese rendir cuentas con el pasado del que tanto sabemos los hijos, para expiar nuestra culpabilidad, para rendirnos y, quizás, para encontrarnos como propios personajes. Se menciona desde el  inédito de Barthes sobre la madre a la lucha kafkiana por matar-comprender-contentar al padre.

Resulta especialmente interesante, en esta toma de posesión del yo para narrar, de refilón, la historia de otros, que se mencione a la novela gráfica al lado  de la narrativa convencional. Gustos y calidades aparte, yo he recorrido la presencia y la ausencia de Irán en Persépolis, he reflexionado sobre la identidad sexual en el espléndido pastiche proustiano que es Fun Home de Alison Blechdel y he conocido sobre el ansia creativa, sus trabajos y dificultades en el convulso Japón de la posguerra en Una vida errante de Yoshihiro Tatsumi. Como la pesadilla reconciliadora y también muy proustiana del Barrio Lejano de Taniguchi. Narrativa plástica, poética de la imagen. Historias vistas. 

He leído hace poco El arte de volar de Antonio Altarriba y Kim. Es, para mí, una sublimación de ese ejercicio-homenaje a la vida de otros y de la que el narrador es pura consecuencia. La figura de ese padre vencido tantas veces por la vida, superado por una historia, la del siglo XX español, aún siendo el eje central de sus "vuelos" y caídas hasta llegar al final que es, aquí, el principio;se funde con el abrazo literario del hijo que le escribe para comprenderlo. Para destacarlo. Para dignificar todos los aterrizajes forzosos a los que se vio sometido. Todo su dolor, ira y ternura. Sus ganas de volar. Y la consecución final de esa paz que el hijo nos relata cuando ya todo ha concluido, cuando lo único que queda son las preguntas que no se hicieron y los abrazos que no hemos dado. La compañía que no ofrecimos. Yo creo que el vuelo hermoso que levantan estas páginas crea más preguntas y ofrece más respuestas: la íntima convicción de que esta "memoir" gráfica sirve como manual de tránsito, como guía de aprendizaje para pilotar y cabalgar un tiempo  que, de forma parcial,se comparte. Y creo que hay un padre que, por fin, descansa en paz no sólo porque le hayan entendido. Sino porque lo han intentado.

Analógico/Digital (2)

Lo intenta varias veces. Mimosa, desesperada, iracunda, seductora.Con ira, deseo, nostalgia, reproche. Respira hondo y vuelve a intentarlo : quiere que él la vea, quiere que la mire y, encontrando sus ojos, poder recorrerle de nuevo. "No eres mi territorio, pero vas a serlo" le decía, con el ímpetu descarnado de los conquistadores ante la batalla final. "Mírame, tienes que mirarme". Se acerca y ensaya. Mujer fatal, niña abandonada, el desdén que acompaña a lo perdido, la sonrisa incitante, la miel y las llagas. "Cómo puedes no verme si estoy aquí". Derrotada, decide tomar un poco de distancia. Recostándose en su sillón de oficina, aceptó, finalmente, que él sólo mostrase su espalda. O lo que es lo mismo: que el inicio de aquella mirada común se hubiese perdido definitivamente en un mar de pixeles. Exactamente en el icono superior a la izquierda de la pantalla. La papelera de reciclaje.

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