Anchoas y Tigretones

Esther y mis mundos

 

 

Carlos, lógicamente esto es para ti

Delgadita, morena, muy pecosa y con coletas: esa era la imagen que teníamos de ella, la que el trazo de Purita Campos nos había mostrado. Llamándose Patty o Esther nos acompañó a muchas chicas de mi generación (yo ya no sé si hablar de mi generación o de eras geológicas, últimamente me siento remota y vetusta). Todo eso ya lo sabéis las que la conocísteis en aquellos años. Su amor incondicional por Juanito (un Beckham un tanto poligonero y choni, pero de buen rollito, que era todo muy inglés), su amistad desigual con Rita, la tía buena oficial del grupo y que se llevaba a todos de calle, su adaptación difícil a una nueva situación familiar (hasta su padrastro era "bobby", con ese uniforme y todo), su sufriente madre, la cabrona de Doreen (cúantas, pero cúantas chicas eran así en el cole o en el instituto), su competitividad frustrante con el bollazo de su hermana Carol, las calles de ese extraño Southampton sus libros, discos, pensamientos, reflexiones, que giraban, iban y volvían hacia el objeto de su amor, Juanito. En las páginas de "Lily" muchas esperábamos encontrar, semana tras semana, el momento en el que este muchacho, de una vez por todas, cayese de la burra y se enrollase con ella, castamente, que las cosas no estaban para pornografías recreativas. El beso de Juanito y Esther era esa piedra filosofal acneica que aguardábamos porque sí, porque tenía el halo de justicia poética que las enamoradizas radicales creíamos justo y necesario. Y era así, un tira y afloja, un sí pero no, un me ha mirado pero luego no me llama: adolescencia en estado puro.

Pasan los años y vuelve Esther. Con otro equipaje, con el mismo corazón, con años a cuestas y con más piedras en el alma. Como nosotras. Y voy leyendo y reconozco cambiado su pequeño mundo que a mí me parece enorme. Y Esther es madre, se ha divorciado, ha conocido  la madurez de verdad, sin anestesia. Como muchas de nosotras. Adivinamos algunas relaciones inconclusas otras que no han llegado, como se suele decir, "partidas que no se jugaron". Y sigue ahí Rita, de alguna manera, y Doreen, y sus padres. Pero ha pasado por ella toda una vida. Y en "Las nuevas aventuras de Esther" hay otra narración mucho más intensa, con muy poco pie en la nostalgia, creando un personaje con una entidad propia. Que ha emprendido un camino nuevo y distinto. Al final de este tercer álbum sabemos que el siguiente será un álbum de viajes. Ya he dicho alguna vez que hay viajes que son solamente interiores. Y no sé lo que pasará en esa suerte de "Thelma y Louise" que se va a armar. Pero me encanta, me engancha y me agrada que esta lectura no sea nada complaciente, que el chico y la chica no se encuentren a la primera, que las vidas y situaciones no sean hiperperfectas porque nada lo es. Que la narración sea fragmentada, que ese patchwork, esa caja de recuerdos que voy abriendo y recolocando como lectora, no se quede en un recuerdo camp. Que me obligue a tener en cuenta muchos, pero muchos detalles de la historia. Como en nuestra vida. Y a pesar de que albergo la íntima e inconfesa esperanza de que finalmente Juanito y Esther se encuentren, si no sucede no me importará. Porque sé que su historia, esta historia que ahora leo, tiene mucha, pero muchísima verdad.

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4 pensamientos en “Esther y mis mundos

  1. Mira para Carliños Portela. Con esa cara de pacífico na nube, e canto inventa. A ver se me manda o exemplar que me debe.
    Bicos de impresionante cincuentón.

  2. Evidentemente, eu era máis de Jabato e ainda máis do Capitán Trueno, Sigrid querida, pero declaro que acababa secuestrando os Lily da miña irmá e o único que recordo deles son as historietas de Esther que, tamén evidentente, lía na clandestinidade (polo demais, que dicir do post se non é: joer, maja, lo has clavao)

  3. Xa que non hai post, vou facer unha achega neoloxística a esta web:
    Parnecido adx. m. (f. parnecida). Que garda semellanza económica.
    Bicos

  4. Pingback: Siete días con Esther | Anchoas y Tigretones

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