Anchoas y Tigretones

Archivar para el mes “abril, 2010”

La cofradía del lomo ancho

¡Toma lomo ancho!Anduvieron las aguas del revisteo un poco revueltas por una portada polémica (perogrullada supina: las portadas, como los novios, si no son escandalosas no valen un huevo). Le da a la revista "Elle" por lucir, nunca mejor dicho, en portada, a una joven hermosa, sanota y rotunda. Hasta aquí, parece que suscribimos lo que en teoría, dice el papel couché que son sus chicas de portada: guapas y estupendérrimas. Pues mira ti que non, aparece una señorita de carnes abundantes, orondeces y redondeces muy sensuales, labios carnosos y pose desafiante. Tara Lynn, que es la chica de portada, es un bellezón que trasciende los límites de la página. Con desafío y seguridad exhibe su talla 48. Y no porque pertenezca al club del lomo ancho, del que soy presidenta por la gracia de mi metabolismo, mi buen diente y mi pereza para hacer dieta, sino porque, parece, revolucionará el mundo de la moda proponiendo un nuevo tipo de belleza.

El ser guapo o no es una cuestión tremendamente subjetiva. Ya hemos hablado de lo que nos pone de alguien, de lo que nos mola, de lo que nos revolotea en el estómago. Tara Lynn, además de tranquilizar a muchas mujeres que quieren ver modelos donde no los hay (¿alguien se imagina a sí misma EN SERIO creyéndose muy urbana y tal y tal, saltando charcos con unos Louboutin de más de 1000 eurazos y un Ipad divino en la otra mano recorriendo dignamente la Ronda de Outeiro?) corre el riesgo de convertirse en lo que no han querido que sea. Extremistas como somos, muchos dirán que es una apología (otra)de la falta de salud. Yo creo que, simplemente, es una modelo más: distinta y que representa a un sector de la población. Ni campanas al vuelo ni escándalos escandalosos.  Ahora bien: ¿queremos vernos en una portada las personas "reales" o queremos admirar o envidiar a las cuatro, sí cuatro o cinco, mujeres superbienpagadas y de genética exquisita a las que nadie se parece? ¿Estamos tirando por tierra el inalcanzable mito de la supermodelo y se está "vulgarizando"? ¿O es esa portada un reflejo del hartazgo por un determinado canon de perfección? Este mismo debate en una red social suscitó comentarios de lo más variopintos y divertidos. Una servidora, que perdió muchos años de su vida queriendo ser otra cosa y que ya hace muuuuucho que renunció a, entre otras cosas, llevar la mítica talla 36, está cada día más convencida de que los gustos están cambiando. Ojo, no a favor de la jamona (que también tenemos nuestro público, yo, personalmente no me quejo) sino de incluir más colores en la paleta del pintor. No sé si será que tengo unos gustos tremendamente cubistas para los hombres (me viene de familia: mi madre siempre ha estado perdidamente enamorada de Alfonso Guerra, tócate las narices), pero nunca me ha importado si un chico está más o menos delgado, si tiene más o menos pelo o me llega por la cintura (ese y no otro era mi gran trauma adolescente: siempre me molaban bajitos).Pero sí que me gusta que los que veo en la gran pantalla sean macizos macizorros. Lo cortés no quita lo valiente, vaya.

A mí, lo que realmente me gusta de esta visibilidad de la "mujer real" es las consecuencias que espero que tenga. Que la realidad en las tiendas de moda sea que una 44 no sea considerada talla grande (¿Alguien sabe si a Marilyn la mandaron a "esa" sección alguna vez?. Lo dudo bastante).  Que dejen de consolarte con el típico :"No, mujer, es que eres grandota, eso es lo que te pasa, deberías de buscar otro tipo de vaquero" ( y tú deberías de lobotomizarte, capulla). Que una tarde de compras no sea una experiencia humillante para nadie. Y que si estás sana, que, a la hora de la verdad es lo más importante, y te da la realísima de plantarte la minifalda y el top lorcero (nunca entenderé por qué los llaman "tops lenceros" si en realidad lo que se enseña es la lorza), pues lo hagas. Que la alegría no se mide por tallas, sino por botellones de risas. Y que si el bikini de este año te queda como un tanga, pues dale duro con él. Y dejemos convivir al lomo ancho con el delgado, que en la variedad está el gusto, caramba.

 

 

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Con traje gris

cassady and kerouac en gris

Leo la entrevista a Juan Gelman ("La Opinión A Coruña" 20.4.2010, realizada por Luis P. Ferreiro) . Por desgracia, no pude asistir al encuentro literario que tuvo lugar ayer. Habla Gelman de tantas cosas tan sobrecogedoras como por desgracia conocidas, a pesar de serlo para mí y, por fortuna, a través de las páginas de los periódicos o de las imágenes que taladran la retina en un archivo. Desprenden sus palabras la serenidad y la entereza del que ha convivido con el horror que crea poso, el que arrebata corduras y sensateces, el que parte por la mitad genealogías y cuartos de estar, el que siempre sucede en países de muy lejos y de muy cerca. Además de sus palabras sonoras e inquietantes, de esa mirada líquida y dulce que da la vida muy vivida y que nos regala la fotografía de Fran Martínez, esboza este corolario: "El mundo es ligeramente gris y sombrío (…) aunque la vida sigue siendo linda. Lo malo es el mundo".  El fondo y la forma son diferentes. El gris puede cubrirlo todo con el manto del ninguneo, de la invisibilidad, de una voz perdida en la muchedumbre. El gris.

Cuenta Soledad Puértolas en una entrevista en "El País" que su discurso de ingreso en la RAE será sobre los personajes secundarios deEL Quijote : todos aquellos que "comparsean," valga el palabro, pero que conforman el decorado de la literatura por encima de la literatura.. Serían los que visten la ropa gris del escaso relieve, pero sin los cuales Quijano (o Quessada o Quijada) no sería el mismo, ni tampoco comería lantejas los viernes y salpicón las más noches, entre otras cosas, porque no tendría quien se lo preparase. Y bastante tenía él ya con dejar secarse el celebro. Puértolas es una experta en personajes de apariencia gris. Me acuerdo de la bibliotecaria nadadora de Una vida inesperada, de la protagonista de Queda la noche. ¿Qué decir de unos personajes que son secundarios llevados al primer plano, puestos debajo de los focos a sudar un protagonismo con el que ni siquiera sueñan? Estarán deseando transitar de nuevo entre las bambalinas de la ficción. Vestir la grisura de lo anodino. Aparentemente.

Y me acuerdo, claro, de las Almas grises de Phillipe Claudel. De esa desesperanzadora nada  vestida de orden y concierto. De mentira y sin ternura de ningún tipo. Pero mi gris favorito sigue siendo el de los Clásicos de traje gris de Andrés Trapiello. Este gris, el de los escritores que no han sido personajes, casi sombras muchas veces en ciertos manuales de la literatura pero que, como él bien dice, "su literatura son puntos de luz". La luz de Ramón, Azorín, Baroja…Luces que,como lectora, aprecio y admiro, unas más que otras, pero que no visten el uniforme gris de los que quedaron en segundo plano, a veces de forma voluntaria, otras porque la vida y las historias de la literatura son crueles, mucho.

Yo creo que Kafka vestía de gris. Y Zweig. Y muchos otros. El gris no tiene por qué ser anodino. Puede ser el mejor aliado de la discreción. De discursos  en parte tímidos, en parte persistentes. De muchos mutis por el foro pero dejando esa huella detrás de no saber exactamente quien la ha provocado, pero que nos hace revolvernos en la butaca. Grises son muchos de los inmensos secundarios del cine de los que no sabemos ni nombre. También aquellas miradas que cruzamos en el bus, en la calle y que se marchan de nuestras vidas camino de sus miedos, esperanzas y temores. No creo que el gris tenga por qué ser el color de lo vacío. Más bien creo que el hábito no hace al monje.

Recomendación lectora : Personajes secundarios de Joyce Johnson (Una secundaria gris de lujo: pareja de Jack Kerouac, pasa lista y factura a toda la generación beat. Si tienen el libro a mano,fíjense en la fotografía  de la cubierta: ella, gris, en segundo plano. Pero es la que ha contado la historia) Libros del asteroide, 2008.

 

 

 

 

 

 

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Por bloguerías (1)

 

 

 

La hermana mayor te mira...be water my friend

"No me pagan por escribir estas líneas, y lo comprendo : es un trabajo tan fácil que puede hacerse gratis"

                                         Enric González, primeras líneas, primer post de Fronteras movedizas

 Una cree que tiene una vida que le espera, que va a ser descubierta en la blogosfera por un cazatalentos de la escritura redicha, que la van a rescatar de sus enlaces not found, sus targets-free y sus configuraciones del carallo, que tiene un corazoncito que será mimado y adulado y resulta que no. Viene un escritor que te encanta y abre blog. Y aún encima te estampa que esto es "de gratis" porque está chupado. Toma bocado de realidad en forma de caída libre al prosaismo real. No, bonita, no vas a vivir del cuento. Y deja de mirarte el ombligo, que a fin de cuentas, es redondo como el de muchos aspirantes a chupatintas electrónicas.

 ¿Es la escritura en un blog un acto supremo de autocomplacencia? ¿De vanidad suprema? ¿Tanto o más que la escritura convencional? ¿Tiene la escritura online ese puntito de exhibicionismo que nos pone? Y si es así ¿Para qué hacerlo?. La respuesta más obvia y contundente la ofreció un día Nacho de la Fuente : porque me da la gana. A Dídac Margaix le estamparon un "los blogs son puro narcisismo intelectual" Tócate las narices. Pues sí : da la gana. A veces más y a veces menos. En tu pantallita digital escribes porque quieres, lanzas al espacio y resulta que hay una serie de gente que te lee. Porque les gustas o porque les repateas-oh, la profesión de odiador profesional, qué grandes momentos daría al INEM-porque apareces por la música del azar en un buscador (a mí me llegaron a enlazar la ÚNICA vez que hable aquí de Rocco Sifredi) o porque gustas. Sí, puedes llegar a gustar.

¿Y por qué los leemos o nos leen? Rescato ésta descripción del blog de Vila-Matas (la rescato haciendo una humilde genuflexión y la ola a la vez, si es que eso es posible):

"En mi actividad de lector de blogs actúo a veces como si también éstos fueran libros. Y clasifico, catalogo, hago inventarios. Casi sin darme cuenta, me he ido haciendo con una lista,móvil,de blogs que frecuento; una relación de blogs que por los más diferentes motivos me atraen, me interesan. Me aportan información, diálogo, vitalidad. Y el siempre necesario caos."

¿Hay alguna definición más maravillosa de ese constructivismo in absentia de lo que es la lectura y escritura bloguera?: Información, diálogo, vitalidad y caos. El permanente cambio, la movilidad, la fidelidad a un texto que se va construyendo, prolongado en sus comentarios.  Amén de su absoluta capacidad de disolución y pérdida, de "a link is a link is a link", ese cuelgue a nuestro inventario, ese amarre, ese servilismo casi perruno que algunos tenemos a nuestros blogs " de cabecera" construyen un tipo de lectura y escritura con entidad propia. (Nota "in the cloud": Vila-Matas y Perec me estampan unos derechazos, unas aguadillas, ("solagos" decimos en Coruña) como lectora que me dejan temblando. Y con ganas de más).

Yo sé perfectamente que cualquier día cierro el chiringuito y aquí paz y después gloria. No sé si mi estela digital continuará por otro lado. Lo que sí  sé es que, malgré moi, no crearé tendencia como The sartorialist (gensanta, qué chulazooooooo).   Ni seré temida u odiada como Pérez Hilton. Pero mientras tanto me lo paso genial. Y me encanta que me lean. Y me jode a veces que me critiquen, especialmente los que no me leen. Pero estoy aquí y esto es lo que hay. Para autopoéticas ya me explayé de más en mi primer post. (Iba a poner aquí un link como autocita a mi primer retoñito cibernáutico pero me daba miedo ver ese yo subrayado).

Y ahora te pregunto: ¿Y tú qué haces ahí?

 

 

 

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(Catuxa esto es un guiño para ti y tu frase de la semana ;-)Y el blog de Enric González, de recibo.

 

 

 

En un cuaderno Moleskine (4)

 

Siempre nos quedará París

Eras tú el de la pasión por el espacio y el tiempo. Sabemos, como en la canción, que jugaban al ajedrez. Yo aprendí durante los últimos años que mis tiempos eran una esfera en rojo. Rojos fueron los días anteriores a encontrarte, ajenos al mundo, desordenados y casi dolorosos. Plagados de incógnitas que no podían despejarse. Rojas eran las horas que querían detenerse en tu cuerpo. Siempre perdía yo la partida: en ese crisol de horarios vencía siempre el tiempo no vivido por mí, que era de otro color, no me pertenecía. Otra dimensión paralela o coetánea, como en la teoría de las cuerdas.  Esa vida roja,  la que yo viví con este reloj ahora roto, que guardo en un cajón no sé por qué, tiene un principio y un final, un "hasta cuándo" que siempre musitamos hacia dentro, que nunca nos  dijimos el uno al otro. Mi reloj era rojo. Tus ojos ,casi transparentes cuando me mirabas sin interrogarme, cuando tácitamente decidíamos dejarnos llevar y tapar nuestro miedo con dosis de humor e incertidumbre. El tiempo era cerveza y agua de mar.  Ahora tengo un reloj nuevo, con una esfera azul. Y sólo quiero esperar a que tú me lo pongas en hora.

(Esta es la demostración de que aprobé Física con chuletas. Pero yo no soy la única que no ha entendido nada. A fin de cuentas, eran los alemanes los que vestían de gris y yo de azul. Y qué caramba: siempre nos quedará París).

Urbanizaciones y tragedias cotidianas

Hockney

Una imagen prototípica de una vitaminada y feliz familia norteamericana.  Hay un frigorífico repleto, una cortadora de césped. Un jardín mimado hasta el remilgo. Un perro que ladra, y muy amablemente, sólo al lechero. Columpios y balancines. Niños rubios que juegan al fresbee. Faldas acampanadas, cabellos ahuecados y cenas en bandejas frente al televisor. Cenas de colorines, porque siempre cenan cosas con muchos colores-desde los Simpson a las mujeres de Whisteria Lane (Histeria Lane, debería llamarse)-siempre hay carne, puré, zanahorias, guisantes…una sinfornía armónica de colores. Quizás veamos llegar al marido del trabajo con su camisa de manga corta y su corbata, recogiendo el correo de un buzón de dibujo animado, como los que tenía Forrest Gump en hilera. ¿Por qué la perfección "American Beauty" siempre me parece sobrecogedora? Conduzco cerca de mi casa y veo infinidad de urbanizaciones, de casitas idénticas, sonrientes,  en hilera que podrían corresponder a la descripción anterior. Y veo "Mad men" y sé cuánta genialidad, cuanta frustración, maldad y soledad anida bajo esos impecables dormitorios. Cómo se barre debajo de una alfombra perfecta. Cómo esa basura acaba molestando. Esqueletos en el armario.

Leo a A.M. Homes y su extraordinaria "Música para corazones incendiados". De las mejores representaciones desgarradoras de esa vendida representación de la perfección a la que "debes aspirar"que he leído jamás. Debajo de ese velo, "el velo pintado" de Shelley, estaba toda esa humanidad en estado puro, en su dimensión salvaje de tragedia cotidiana. Con sus deseos reprimidos, con sus vírgenes suicidas, con sus niños de uniforme de colegio chic jugando a chaperos y traficantes.  Me acuerdo de "La tormenta de hielo", de los ojos vacíos de alma de Sigourney Weaver, de la displicente y engreída actitud de Christina Ricci, de la tragedia, otra vez, acechada y acechante.  Como las miradas de esa pléyade de actores y actrices extraordinarios que regalan a partes iguales desesperanza y talento en "Las viudas de los jueves".Y una grandilocuente e imperfecta "solución final". Con sonrisa sardónica en el ojo azul de una piscina y vigilados por tumbonas de lujo. Donde un perdedor es el único que sabe, con la clarividencia y privilegio de los bufones, que todo aquello era mentira, a excepción de su nula condición de proveedor del hogar familiar. Y que si le siguen queriendo es porque supera todo ese horizonte de piscinas y tumbonas. También encuentro realidad y verdad en  el que huye despavorido para que no le engullan, como Laura Brown (¡quiero ser Juliane Moore!) en "Las horas".

Y una acaba pensando que no sabemos por qué la imagen de una felicidad de anuncio de refresco es siempre tan efímera como persistente su recuerdo, cómo los paseos por filas perfectas de parterres pueden descubrir no tesoros, sino sexo furtivo, dolores grandes y pequeños, alegrías turbias o amargas. Y sí, me dan miedo las urbanizaciones, me da miedo esa uniformidad, esa programada perfección. Y creo que son,por lógica, los escenarios perfectos para tragedias de clase media. Media por medio-pelo, claro está. Donde el mundo exterior no existe. Donde no hay conflictos armados, dramas de verdad, terremotos o hambrunas. Y me dan ganas de poner a Iggy Pop ("Lust for life") a toda leche porque todos los personajes de "Trainspotting" me parecen mucho más honestos en su imperfección. En la imperfección obligada que cabe en esas estampas de mentira, en esos mundos de David Hockney en los que yo siempre deseo rasgar el azul imposible de esos cielos californianos para que quien vive debajo pueda respirar.

 

 

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