Anchoas y Tigretones

Archivar para el mes “marzo, 2010”

Vacacións de primavera

programación televisiva semana santa
Para o capitán da nave capitana
 
Sabes? (sempre comezo as miñas digresións así, verdade, con esta pregunta retórica) Hoxe espertei pola maña cun desacougo tremendo, non sei por qué. A Semana Santa sempre produce en min esta inquedanza, esta sensación de non saber onde ubicarme, esta promesa de verán que non é, esta sucesión de días de impasse, de comercios pechados e almas fuxidizas e ausentes. Acórdanseme esas tardes da nenez de nena sen irmáns, comenzando a mesma angustia do Domingo de Ramos, a tristeza incrible que me producían ese escaso tempo de lecer que remataban nos longuísimos oficios da semana santa, o medo ó Cristo nú, os capuchóns recorrendo a rúa Real na tarde noite e a miña pregunta constante de se eran reais os que ían debaixo (pouco despois fariame a mesma pregunta cando vin por primeira vez "A guerra das galaxias" con Darth Vader e as tropas imperiais), os codazos das miñas curmás para acadar o mellor sitio no balcón da casa familiar e poder ver as procesións, e eu intentando agocharme e pechar os ollos do medo que tiña…Teño como banda sonora deses días todas as cancións, que son preciosas, pero que dan moito medo "este es el árbol de la Cruz", "acuérdate de Jesucristo"..acórdaseme tamén ir visitar as igrexas, os "monumentos" que lles chamaban, a mañá de Xoves Santo e eu non entendía que tiña aquelo de bonito, de espectacular, de monumental…E a culpa, a sensación de que eu tiña a culpa de que Xesús morrera na cruz, todo porque eu era mala, todo porque eu facía trampas xogando as tabas e copiaba algunha vez nos exames, todo por non comer o prato de xudías verdes, por chorar fronte as fraccións e as subordinadas, por falar tanto en clase e facer tantas falcatruadas. Por eso, polo mal que eu me portaba, polo contestona e rabuda que era, por todo iso, era  Semana Santa. E tiña que purgala, claro. E lía aquel conto, "Tabú", de Ana  María Matute, daquel meniño gordo ó que agasallaban cun año que logo…bueno, mellor non contalo. E a vida de santa Cecilia, patrona dos músicos. E tardes de "Diálogo de carmelitas", de  romanos en minisaia e  túnicas santas (eu ollaba moito para Victor Mature, sempre fun moito  dese actor que non era actor). E o final, como non debía ser tan mala e Xesús era misericordioso todo volvía á normalidade no Domingo de Gloria. E volvía á normalidade, porque, dentro do roscón de Reis estaba unha figuriña e, sorprendentemente, tocábame a min. "Tocoume a min!", decía eu recorrendo en pixama toda a cociña detrás da miña nai,para que ollase a sorte que eu tiña. E si,viña a sorte rechea de azucre e crema. Como cando chegaches ti cun feixe de distancias e imposibles pero cos ollos cheos de "quero que si". E como eu teño este aquel de nena que cumpre os preceptos, collin a tua man e desplacei todas as nubes que chovían sobre nós ese día. E iso sí que foi penitencia e purgatorio.
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Teoría de la inteligencia procrastinadora

bajo el sol ardiente de junio

Estoy contenta de haber podido bautizar o  de acotar lo que me pasa. Andaba yo pensando que añadía a mi antología de rarezas, defectos defectuosos, peculiaridades peculiares un algo así como inconfensable en este mundo mundial de gente tan sumamente atacada y que tanto curra. Que tanto Twittea verbalmente lo mucho que hacen y cómo les mola limpiar, fijar y dar esplendor a sus quehaceres. A cumplir sus horarios, sus previsiones y pronósticos. A clavar las expectativas. Pues no me pasa solo que yo sea una hedonista nata, que lo soy, sino que soy procrastinadora. Por lo tanto, pospongo las obligaciones más perentorias por cuestiones mucho más placenteras y, seguro, mucho menos rentables en términos de economía 2.0.

Resulta que estas ganas que una tiene casi siempre de postergar, posponer, barrer con energía y esconder cosas debajo de la alfombra se llama procrastinación. No penséis, por Dios, que debido a mi temita me da por tener síndrome de Diógenes o dedicarme a la vegetación contemplativa en postura de flor de loto (ni de coña, me duelen un huevo los riñones). No. A mí me da por procrastinar "in praesentia", es decir, : cuando llevo todo el día planeando una tarde de trabajo organizadito, con su ordenata, su cafelito en modo "productivo on", su camisita y su canesú, pues, hala, viene el bicho procrasti y me asalta con la terrible sensación de que no puedo vivir un momento más con esos cojines tan sumamente paletos y poco cools. Hay que cambiarlos. Y, además, y de paso, mover el sillón para que, (eso sí,esa movilización modular que me parecia tan de superprocrastinación el domingo cuando realmente no tenía nada mejor que hacer) el hecho de que entre el sol por donde deba  sea una necesidad perentoria. Y ya puestos, por qué no quito las cortinas y las lavo, claro, así trabajaré mucho mejor, en un entorno totalmente feng shui. Y claro, la felicidad no es completa sin una cabra tocando el violín (eso decía Julia Roberts en "Notting Hill) o, en su defecto, todos los DVDs organizaditos y bien apilados.  A la hora de la verdad termino con un cuarto de estar que mola mogollón, pero con la ansiedad de la página en blanco y la terrible sensación de que no he pegado clavo (ay, esos años de catecismo, cómo los noto). Y en realidad he hecho muchas cosas. Pero no "lo que había planeado". Lo que debía hacer. Y eso, a pesar de mi reconocida hiperactividad y dispersión.

Mucho me temo que me paso la vida siendo un híbrido entre Felipe el de Mafalda y la cigarra del cuento. Un híbrido imposible, claro. Y mientras pienso en si realmente quiero cambiar, me releo el Elogio de la pereza. No todo, claro está.  Porque procrastino el terminarlo al día que me pidas que te lo lea yo, en voz alta y apoyada en tu pecho. Y me lo pida tu voz dulce y perezosa que sale de esos labios estivales y de siesta, esos labios tan de Belmondo que me hacen desear tanto y tanto la lentitud.

Despertares (6)

la aventura está en tu piel

Extendió el folleto encima de la cama. A ver… el rafting no le llamaba mucho, eso de empaparse haciendo piruetas constreñido entre un grupete de jóvenes divorciados en "momentazo Ikea redecora tu vida", no le apetecía demasiado. Otra opción era el puenting. Tenía su punto eso de lanzarse gritando al vacío y colgar de un cordón o lo que fuese aquello. Pero debía ser realista y recordó el día que en las fiestas del Rosario tuvieron que parar una noria por su ataque de pánico. No, eso tampoco. Pero a ver, algo tenía que haber que pudiesen hacer juntos, algo que le situase en el vértice de ser el compañero divertido, sorprendente y arrojado que convirtiese las mañanas de sábado en el preludio de una gran aventura. En un Camel Trophy de ciudad dormitorio, de chalequito con mil bolsillos y navajita suiza. Pero compañero.

Temía no estar a la altura de las altísimas dosis de entusiasmo que ella derrochaba en cada momento. Dejar de sorpenderla. Por eso se le ocurrió lo del fin de semana de deporte de riesgo. Como una manera de sublimar el crisol de adrenalina que ella regalaba hasta en la cola del super.  Como un modo pedestre de atesorar el brillo rubio de la dueña de sus horas. La cancerbera de su reloj vital. Ella. La que ahora ronroneaba a su lado adormilada, con el sol de marzo prendido en su piel de sal y algas marinas. Con su risa de campanas salvajes. Con esa geografía insolente de montañas y valles recónditos. Se dio cuenta de que estaba haciendo una tontería. Hizo una bola de papel con el maldito folleto y lo tiró al suelo. No necesitaba brújulas, Tomtom ni Google maps. Porque el riesgo, la improvisación y la novedad comenzaría en unos momentos. Y no sería en el Kilimanjaro. Ni en las cristalinas aguas de Baja California. Ni en Patagonia. La aventura, la mayor aventura, empezaría, como tantos otros días bajo las mantas de una cama, la cama compartida, en un cuerpo conocido, descubierto y adorado. Y todo sucedería , con el rigor y el deseo de lo nuevo, en aquel dormitorio, un  día  de marzo.

Corazón que mira

 

 El perro y el gato en el fondo se quieren

Para Alicia, siempre

Yo no sé qué decir ante una mujer que pueden ser mil mujeres. Yo no sé qué decir ante una amiga que pierde la salud. A alguien que conozco desde hace muchos, muchos años. Desde un día que me subí a un bus del cole y vi a una niña muy sonriente y charlatana, con gafitas, y ya no pude separarla de mi vida. No sé qué decir ante las dificultades que impone lo que yo tengo por puro azar, porque sí, y que muchas veces no valoro porque es algo que está ahí, con sus más y sus menos, pero lo tengo.

Desde un día en el bus del cole ella pertenece a mi cronología, al collage imposible de la vida, a mis anhelos, tristezas y alegrías. A rehacer el horario de clases todos los años. A aprender a perder el tiempo en cafeterías y paseos. A tocar el alma. Y en este travelling  han pasado novios, secretos-secretísimos, pelis pasteleras y no tanto, libros, pandillas, copas, locuras, desencuentros, apoyos y mucho más. Y amor.Y lealtad. Sobre todo eso, mucha lealtad. Y pasaron los años…

Y en este tiempo yo siempre he tenido estos ojos para observarla. Y saber que, a pesar de que muchas cosas te separen, ella está siempre en mi equipaje. Y que por  mucho que la mire nunca llegaré a completar su dimensión y la fuerza, la valentía, el coraje que arroja su silueta en este lugar del mundo. En el lugar que nos limita ahora. Porque desde otro lugar muy lejano llegó un maravilloso regalo con forma de niña. Y desde muy cerca una pareja que es un puntal. Una familia. Un colchón emocional.

Y digo que nunca sabré ver su dimensión porque yo no podré jamás mirar como ella mira. Y es que Alicia, como el Principito, sabe ver con el corazón.

 

P.D. Macha, ya sabes que no puedo dejar de ser yo misma y, a pesar de la cursilada anterior, tengo que poner algo que me defina. Eres muy buena tía, pero también eres muy rabuda, muy terca, muy Pepita Grilla y muy doña Perfecta. A veces te mandaría al cuerno a ti y a tus consejitos…pero ¿qué sería de mi vida sin que tú te metieses en ella?.. que te quiero tontaelhaba. 

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