Anchoas y Tigretones

Archivar para el mes “noviembre, 2009”

Feisbuqueríos, twitteríos y demás maravillas cibernáuticas

En el ordenata tol día de Dios

Para Catuxa, Didac, Honorio, Paco López, Noemi, Javier Leiva, Iulius, Ana Zarabozo, Transi, Encarnita, Francisco José Diago….y tantos otros.Porque SÍ se puede trabajar de otra forma. Y, por supuesto, a Odd Librarian 😉

Este post lo escribo en paralelo. Me explico: mis maltrechos huesos de señora mayor no me permiten muchos contorsionismos, pero las bondades de este sistema operativo ventanero me permiten tener abiertos varios frentes virtuales a la vez. Os escribo con un ojo puesto en mi página de Facebook, con mi Twitter-¡qué gran ejercicio de microrrelato es el status tuitero!- y con otras virguerías informáticas varias y diversas. Además de alentar mi natural y compulsiva tendencia a la dispersión-no sé qué habría sido de mí si hubiese nacido con tentáculos en lugar de dos manos-me permite ejercer de "diabla cojuela", de alentar un ego supercotilla que anida en mí y de mimar mi lado infantil y, como dicen las revistas mal llamadas femeninas, mi "natural desenfado"(téngase en cuenta que la primera página de Facebook de la que me hice fan fue la de caramelos Sugus. Luego me hice de Lars Von Trier, que una tiene un prestigio, caramba). Esto, como en el "Un, dos, tres"-el de Chicho, no el de Billy WIlder-sería por la parte llamemos "negativa". Aquí también metería, especialmente en el mundo Facebook, a todos los trolls, spams, que, en forma de código maligno o de ideología perniciosa, pululan por ahí.

En la parte "positiva", osease la de Mayra Gómez Kemp y las macizas azafatas-están, lo que  un lúcido y avezado profe llama contactos "persoprofesionales". A través de las redes he conocido a personas divertidas, currantas como el que más, que saben conjugar de manera admirable el rigor laboral y la sonrisa necesaria para seguir el día a día. Que me han sorprendido por su capacidad de trabajo, de compartir recursos que conocen y descubren, de ayudar a los que empezamos desde muy abajo en el dospuntocerismo, y de descubrirnos que, si seguimos a determinadas personas no estamos "perdiendo el tiempo en internés", sino alimentando nuestra capacidad para formarnos y ofrecer mejores servicios. Yo recuerdo, hace algunos años, el estereotipo que tenía yo misma en mi mismidad creado de los informáticos y de los interneteros compulsivos, lo que mi amigo Suso, que pertenece al primer gremio de los mentados, llamaba "pajilleros del aula de informática" : esos "nerds", esos "geeks" granujientos y con falta de roce social que dejaban historiales del navegador plagados de páginas guarrindongas cuando se emocionaban y descuidaban. Pero, ay amigo, cuando tenías un problema con tu basita de datos o necesitabas teclear código y te habías perdido, allí estaban ellos. A mí Twitter me ha resuelto, en cuestión de segundos, y gracias a la colaboración desinteresada de algunos, dudas en Joomla!, me ha proporcionado interesantísimos recursos con los que he alimentado mi Delicious, me ha dibujado sonrisas en medio de mi lucha contra la ola googlelera-Melody en mi honor debería de cantar "soy una surferaaaaaaa"-y, qué caramba, me ha dado lectores para esta mi casa. Por no hablar de descubrir facetas como el buen gusto musical de algunos, su talento para la escritura o, también y lo que es más importante: su buen humor. Se ha discutido, claro que sí. Ha habido desencuentros, sin duda. Pero todo ha sido enriquecedor, dinámico, constante. Y te enteras de cómo hacen las cosas en otros sitios y que, a veces, los problemas no son tan diferentes. Y abres tu cabeza.

Las redes sociales son, como todo, el uso que hacemos de ellas.  Lástima que no estén tan perfeccionadas como para, como la protagonista de "La rosa púrpura de El Cairo", saltar al otro lado y tomar unas cervecitas, cafés o lo que sea, reales. Un defecto que, de momento, la tecnología no ha sabido solucionar. 😉

 Propuesta a la RAE : feisbuquerío, tuiterío. 😀

 

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Un 25 de noviembre cualquiera

Tempus fugitEste post no es un post. Sólo es un recordatorio. Sigo pensando lo mismo que aquí . Por desgracia, tenemos que seguir diciéndolo y repitiéndolo. Y más, mucho más marketing viral. Y más, mucha más conciencia. Porque todos tenemos oídos, orejas, ojos y corazón, aunque nos lo hayan roto. Porque no basta con que nos lamentemos y escandalicemos.Tiene tanta culpa el que levanta la mano como el que educa a sus hijos en esa tesitura. O quien crea que los golpes se merecen. O los que no quieren ver.

Teléfono contra el maltrato. 016

Llamadas de lunes

Blablabla

 Para Encarnita Alcázar, que estudia muuuuuucho, mucho..

En un lunes un poco raro, se amontonan los correos por responder, los propósitos de teclear en esta mi casa más a menudo, el poner al día los afectos que tengo a remojo y desterrar la maldita pereza pavesiana que me ataca en mi spleen otoñal (modo Luis Antonio de Villena on). Hay mañanas en las que odias el teléfono cuando alguien te interrumpe en el exacto momento en el que acabas de entender la maldita sintaxis de una base de datos, cuando estás (sic) dale que te dale a los portfolios y a los objects de SFX, o cuando estás medio escondida zampándote un yogur o una barrita Biomanán matagusanillos y contestas al teléfono como si tuvieses en la boca, en vez de 35 calorías de mierda, el resultado de una caja de polvorones La Estepeña sin beber, que, a ojo de buen cubero, deben de ser unas 7865 calorías. Puede que también, en ese crítico momento, te llame tu madre para comprobar que tienes el teléfono con cobertura (sic), para decirte que, quizás se sienta un poco sola y que no quiere hacerte chantaje emocional,  pero concluyes  que deberías de verla más a menudo, especialmente ahora que su salud se pone caprichosa. O, por qué no, estás haciendo veinte cosas a la vez y tienes, verbigracia, pantallazo de Facebook y de Twitter para seguir a los bibliotecoides tecnólogos, Millenium abierto porque es fiesta de guardar, tus basitas de Access y tus hojitas Excel cada una en su rinconcito y tus Delicious, Zoteros, Cites U like, RefWorks y demás haciéndote compañía sonriente con sus iconos minimizados y tú empiezas a pensar que deberías sacar más partido a todas esas herramientas. También es posible que cuando la manifestación de turno, los flautistas, gaiteiros y visitantes que copan los aledaños de tu lugar de trabajo no te dejen ni oírte los latidos del corazón, se produzca un cataclismo en forma de "se ha caído tal o cual recurso" y empieza a sonar el teléfono para  hacer la genealogía completa, y no muy complaciente, de los familiares del inventor de Metalib y ya, por extensión, de la "mierda del internés".

Pero también, a veces, el teléfono te interrumpe para darte buenas noticias o para dejar que enlaces el noray de la esperanza. De que a un amigo las cosas le van de forma inmejorable y que es todo resultado del esfuerzo y el tesón. Ole. Que otro te dice que solo le ha apetecido estar como una vaca Paca en el sofá todo el fin de semana.  También pueden llamarte para pedir una tirita emocional de urgencia. O un sarcasmo para acompañar una decepción. O risas sobre algún chiste privado. Otras veces recibes un mensaje de quien muy tímidamente quiere seguir en tu vida pero no sabe dónde situarte.

Y es que hay momentos infinitos que hacen que toda la interrupción valga la pena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pornografía infantil NO

Si has llegado hasta este pequeño blog, hasta este minúsculo post tecleando en un buscador "boylover", "preteens" o "girlover" este no es tu sitio. Si te parapetas tras una pantalla buscando la vejación y el sometimiento del más inocente, del más débil, del que debería ser protegido, me temo que no hay espacio tampoco  aquí. Si tu afán por cazar "lolitas", "angels" o "boyboys" hace que te relamas leyendo estas líneas, me alegro de decepcionarte. Porque, repito, tu sitio no está aquí. Y me encantará poder decirte que no encontrarás morada ni refugio para tus fines ni en las más remotas esquinas de la red. Porque no habrá lugar, virtual ni real, que te dé cobijo. Fuera de aquí.

Ah, se me olvidaba : Maldito seas

 

Blogocampaña 2009

 

Domingos

Siempre he aborrecido el domingo. Esas tardes que, de niña,  se me antojaban interminables y a la vez, tan veloces, aplazando el inevitable momento del atardecer, el baño reglamentario y la preparación del madrugón que ponía otra vez en órbita la semana escolar. Como Felipe, el de Mafalda, iba sintiendo la angustia de los deberes mal hechos, a toda prisa, o simplemente sin hacer. En los momentos en que la vida se cuantifica en evaluaciones trimestrales y períodos vacacionales, esa era una de las supremas expresiones de la angustia (claro, hablo en mi mundo, no en esa no-infancia que viven en lugares sacudidos por la codicia y los excedentes armamentísticos de los que nos permitimos pensar en estas chorradas).Pero el domingo, como en la canción de Aznavour, es altamente pretencioso, y, como hoy, tan gris y tan hostil que no te queda más que darle vueltas a algunas cosas.

No sé por qué motivo este día de la semana me da por despertar la perversa fiera nostálgica. A la agradable, eso sí, rutina mañanera de teléfonos, periódicos y cañitas con amigos, se une esa inevitable desazón que provocan las calles silenciosas, el que a las seis y media de la tarde sea de noche y te quedes en casa revolviendo estanterías, cajones y armarios en un infructuoso intento de borrar algún que otro rastro de sonrisas estivales prendidas en algún libro, en la solapa de una chaqueta o en el aire de una habitación sin ventilar. Y encuentro todo un afán de olvidos que no sé dónde colocar, simplemente, porque todavía no existen: no sé si es mejor ponerlos prendidos de un imán en la nevera o dejarlos revolotear a gusto por esta tarde dominical tan rara. Y maldigo algunos viejos calendarios, porque no me permitieron darme cuenta de que, como decía C.S. Lewis, el dolor futuro es parte de la felicidad de ahora, ese es el trato (o algo así). Y además, ahora es ayer, y el ayer es  una frontera cada vez más lejana, de contornos borrosos…

Los domingos siempre me cogen con los deberes sin hacer. 

 

 

 

En un cuaderno Moleskine (1)

Escher, otra vezEncuentro estas líneas escondidas entre el olor a castañas y las hebras de lana de tu bufanda. Las transcribo por si quieres releerlas o calentarte el corazón, las ganas o la magia. Si hay errores al transcribir  perdona mi torpeza. Será la mala vista o la precipitación.

"Sé que ahora echas de menos, como yo, el silencio que crecía entre los torrentes de palabras. Después de uno de ellos, sin coherencia con lo anterior,  podría decirte, por ejemplo, que estoy leyendo Beirut, I love you de Zena El Khalil y aprendo que  la incertidumbre puede contener extrañas y rotundas formas de felicidad. Te contaría, también, que he aprendido a mirar a través de una cámara que otorga dignidad y belleza más allá del testimonio antropológico: he estado en la exposición de Ruth Mathilda Anderson y encuentro muchos enlaces con vidas que no son más que una silueta posible de lo que yo soy ahora , un compendio de vidas anteriores. Paseo por los jardines húmedos, entre flores que tiritan, y pienso que el otoño me hace siempre escribir sobre los recuerdos de otros otoños. Y sé por fin que, ahora que ya no estás, en el fondo, siempre te tuve entre estas líneas. Eres ahora parte de mis recuerdos futuros."

(Nota de la editora. Con lo fácil que era decirle que lo echaba de menos y que deseaba oir su voz…¿no habría acabado antes y evitarnos toda esta pedantería cultureta?).

Lectores y empatía

Cóncavo y convexo

Hace poco tiempo, o quizás mucho por lo lentos que son los días desde hace una semana, le recomendaba a alguien la lectura de The act of reading de Wolfgang Iser. Si algún teórico de la literatura tuerce el morro al leer esto lo siento muchísimo, pero fue un libro fetiche para mí cuando comenzaba a navegar por mundos teóricos, por los que sólo en muy contadas ocasiones me arrepiento de no transitar. No es tan complaciente como Frye o tan polémico (¿?) como Derrida o Paul de Man (Todavía me acuerdo de una conferencia de Terry Eagleton llamándoles "la mafia de Yale", jijiji), pero pocas veces me sentí reflejada como lectora de forma tan fiel. Otro día hablaré de Jauss, de Umberto Eco y de más figuras señeras del star system teórico. Hoy sólo de un "conceto" (que diría mi amiga Encarnita Alcázar) que manejaba el sesudo alemán.

Iser habla de la existencia de un lector implícito, ese que habita, de forma inconsciente en la entelequia muchas veces absurda de la obra literaria. El que ayuda a construir, a elaborar, el que coopera. Bueno, esto dicho y contado de forma muy somera, que tampoco están los tiempos para marcarse pedanteces. Yo tengo lectores magníficos: me siguen, me leen, muchos me quieren incluso, a algunos les gusta lo que escribo, otros siempre intentan ver detrás el armazón de realidad-qué sería de nosotros sin los exégetas modelo "Aquí hay tomate"-y tengo, sobre todo, lectores cooperantes. Los que hacen que me apetezca salir de vez en cuando por esta pantallita y marcarme un rollo patatero como este. Los que comentan (¿hay alguna forma mejor de construcción literaria in absentia que los comentarios de un blog?), los que me envían mensajes fuera de la virtualidad (¿será un palimpsesto modelo Genette?. No sé), los que quieren seguir un relato esbozado, e incluso los que se apoyan en ciertas tradiciones para cerrar una ficción que puede quedar un poco coja (esto podría ser un pastiche, no sé lo que diría Fredic Jameson, el inconsciente posmoderno y tal y tal).En fin, chatos, que hasta yo puedo hablar de cronotopos bajtinianos. Pero mira que la cosa no va por ahí.

Lo que quiero decirte es que sé que estás delante de tu pantalla espiando mis líneas. Que posiblemente no hagas ningún comentario, ni me envíes mensajes, ni digas nada de nada. Porque quieres gastar el tiempo, casi compartido, desde el silencio y las sombras. No sé si tengo derecho a echarte de menos, a lo mejor nunca has estado, a lo mejor sí. Pero lo que sí que añoro son las cosas que no sucedieron por miedo o por un exceso de empatía.  No lo sé. Y eso, madre mía, sí que es una gran paradoja postmoderna.

Quiero leerte, en cualquier soporte.

 

 

 

 

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