Anchoas y Tigretones

Archivar para el mes “julio, 2009”

Fragmentos de un diario futuro (V) : Breve Encuentro

tren de la vida

Tirar del hilo autobiográfico no sirve de nada cuando el corazón ya ejerce de marcapáginas de una novela con final abierto. Conocía bien la coreografía mañanera con la que segmentaban los treinta minutos de rigor. Dos miradas. Recortaba su figura en el aire cuando estaba distraído, cuando evitaba la interrogación de sus ojos, cuando espiaba la promesa de su escote, cuando dormía como un niño a su lado tras dedicarle todos los versos posibles sin saber escribirle. Era él y sólo él.

El había construido una biblioteca emocional que llevaba su etiqueta: su olor, el posible calor de su abrazo, las sombras internas, la sal de mil veranos en otra piel. Escapando de un posible sonrojo, contabilizaba los árboles que volaban a través de la ventanilla. Y aprendió a soñarla sin dedicarle la risa de sus ojos castaños. Sin mirarla. Sabiendo solamente el espacio que ocupaba en un asiento, en un vagón, en un tren, en una mañana, en un día, mes, año….un lugar en el mundo.

Sería hermoso que algún día uno de los dos saltase al otro lado de la realidad sin miedo. 

 

 

El spam ideológico

A la papelera con todos estos machistasAnchoastigretoneros de mis entretelas, estoy agradecida y emocionada cual Lina Morgan al final del espectáculo por haber recuperado mi blog. Gracias a Blogsome que estás en el ciberespacio, gracias a todos los que os habéis preocupado por el paradero de este mi hijo con hachetemeeles, y paro ya que me pongo muy pesadita. Vamos a lo que vamos, es decir, al turrón y al post.

Una lee a veces comentarios en facebook, escucha conversaciones familiares, asiste a reuniones o asambleas convocadas por sindicatos, va a presentaciones de libros y cosas así y acaba siempre pensando en las musarañas. No porque sea irrespetuosa ni mala pécora, que también, sino porque debido a mi escasa capacidad de concentración siempre se me va la cabeza por otros derroteros. Acabo pensando, por ejemplo, en si pegan o no los calcetines del señor que tengo al lado con sus zapatos, en lo incómodos que son los bolsos de asa rígida como los que lleva esa señora, o asumiendo que me pone nerviosa cómo otros carraspean sin venir a cuento:uno de los últimos conciertos en el Opera Palace de Lacoru a parecía un pasaje de Pabellón de reposo. Cuando caigo ya en la fase alfa o REM de la musarañez hasta llego a imaginarme finales distintos de novelas, digamos por ejemplo, de Larsson o Saramago, por citar a unos cuantos superventas. Bien, a lo que iba. Yo creo que la culpa de mi musareñez no es mía sino del spam mental.

El spam mental ataca cuando se rodean los discursos o cualquier atisbo ideológico de verborrea electoral, facilona, cutre y archisabida. También hace su aparición cuando, por ejemplo, discutes sobre cualquier detalle doméstico y sacamos la típica retahíla de reproches y "te lo dije", relacionados, además y sin venir al caso, con mi/nuestro poco apego a la convivencia, a los detalles y al respeto. También cuando en el discursito relamidito y remangado de los redichos y redichas especialistas en el estereotipo "guerra de sexos" intentas colar una mínima acotación manifestando que tú no odias a los hombres y que el mundo de la pareja te parece muy respetable aunque no lo compartas : ahí aparece el spam de nuevo con sus autojustificaciones y lecturas mal asumidas. En el planeta del spam ideológico, del spam mental, triunfa el modelo zafio,arcaico y ofensivo también de cualquier forma de machismo. Incluso del que viene de las mujeres.

Cómo molaría tener una papelera de reciclaje para meter todos estos spams, crear un filtro bueno de verdad y evitar que entrasen en mi cabeza, resonando con el repiqueteo monótono con el que memoricé, hace mucho, la tabla de multiplicar y el catecismo. Pero me temo que los moldes  culturetas de wikipedia y, sobre todo, la necedad imperante en todo forman un escurridizo a la vez que asentado modo de atacar y contaminar los cerebros. Aunque sólo sea con el aburrimiento que producen.

 

 

 

Verdades y mentiras de las rebajas de verano

Mis vestidos y zapatos de rebajasTras una semana de intenso escaparateo, pruebas varias, inversiones inapropiadas y reivindicación de mi espíritu Parishiltoniano (quiero tener pasta larga para gastar sin remordimientos) ahí van mis reflexiones sobre "la-ola-de-consumismo-que-nos-invade" al llegar el mes de julio.

1.- La talla 40 es siempre la talla 40, a pesar de los esfuerzos recreativos por cosificarnos en "mujeres campana" y "mujeres diábolo". Ni metiendo la barriga para dentro veinte veces te vale el vaquero de Berskha, mi reina. Si no te vale la talla 40, pídete la 42. Y así hasta el infinito. A la amiga que queda fuera siempre puedes decirle:"No me lo llevo, qué barbaridad, en rebajas sacan toda la porquería almacenada y están fatalmente cortados". Ella, que es bondadosa y magnánima, comprenderá. Las amigas de verdad, ante un probador, no hacen preguntas.

2.-Es increíble comprobar que, a pesar de este cuerpo para el pecado y mi carita de azucena (momento Thais Villas), soy la única persona en la cola para el probador Bershkiano o Stradivariusiano que no tengo piercing. Tampoco soy gótica, emo, choni, pailana camuflada, vejestoria reconcomida de solarium en momento Gloria Swanson ni nada por el estilo. ¿Quién me manda a mí pensar que tengo una edad que no tengo que tener?. Respuesta: Mi bolsillo. Por mí, os lo juro, iría todo el día de Dios de Antonio Pernas para arriba. Pero me quedo con Amancio. Tranquila con él.

3.- Las luces de los probadores intensifican su necesidad de mostrar, a saber: michelines pequeñitos, michelines más grandes, venitas en parte trasera de pierna, sospechosos bollitos de celulitis incipiente,los tomos de la Enclopedia Británica en versión barriga cervecera veraniega, y darte cuenta de que, por mucho, mucho que te empeñes y quieras, siempre se te verán las raíces del tinte en el "momento probador". Humano, demasiado humano y momentazo "danza macabra" medieval que iguala a todos. No hay nada más democrático en el mundo que un probador en rebajas.Excepción maravillosa: probadores y espejos de Mango. Yo en Mango me veo palillo y tía buenísima. No sé si no me compraré un espejo de los que tienen allí.

4.- Hay una relación directamente proporcional y a cuatro bandas entre: tamaño de probador, apretez del vaquero o pantalón en cuestión, necesidad de talla mayor y antipatía de dependienta. Son dimensiones todavía no incluidas en la Teoría de las Cuerdas (Brian Greene  que no me lees, pero que estás en todas las dimensiones de la Física, toma nota).

5.- Una rebaja de cinco euros no es una rebaja. Es una tomadura de pelo. Si a eso le añades todas las incomodidades y humillaciones previamente posteadas, la cosa como que no funciona. Si además, al vestidito palabra de honor-es un ejemplo, no vayáis a pensar- tienes que añadirle, a saber: sujetador sin tirantes, sandalias a juego-las que tengo no molan-, chaquetita modelo Audrey Hepburn, y bolsito, va a ser que no compensa. A pesar de que llego a casa la mar de contenta porque, me queda tan bien, tan bien, tan bien y he ahorrado tanto….Al día siguiente vuelvo a la realidad. No me queda tan bien-"cuando estés morena" añadió la pérfida vendedora : yo nunca me pongo morena, ¿por qué me dejo convencer con tan rastreras artimañas?-no me queda un chavo en el bolsillo y el bolso no pega ni con cola.

Aún así, las rebajas de verano, la prisa, la angustia por llevarse algo, hacen que todos los años corramos como posesos en pos-toma cacofonía-de algún chollito, un detallito que echarnos al body, una sublimación y calma de nuestro consumismo de salón. Otras veces ayudan a darte cuenta de que necesitas hacer algo de dieta, que no puede ser tanto sedentarismo, que quizás cambies de estilo para adaptarte más al mercado o que hay que buscar, a lo mejor, sólo una prenda, pero de buena calidad. Ya. Magnífica teoría. Yo os escribo esto celebrando mi llegada nuevamente a la talla 42, bebiéndome una cerveza en una terraza y deseosa de llegar a casa y despatarrar todas mis compritas encima de la cama, para darme cuenta de que, otro año más, he vuelto a caer. 

 

Fragmentos de un diario futuro (IV): Amor y sistemas operativos

CuandLa libertad es sexyo termine de escribir estas páginas las arrancaré, como llevo horas, días y tiempo intentando arrancar tu sonrisa, tu piel y tu sombra de mi alma. Pero qué curioso: arranco lo que escribo y lo guardo en un cajón, como esos escritores que guardan novelas y cuentos para esperar a su muerte y que los juntacadáveres hagan su agosto. Fíjate si soy clásica que hablo de arrancar, cuando en realidad hay una tecla que puede borrarlo todo, aunque la trampa de la documentación virtual nos permite hacer plantillas, cuando hay un sistema operativo que constantemente nos ataca en nuestra seguridad preguntándonos si "¿Está usted seguro de que quiere borrar esto?"cuando hoy casi es más difícil perder un escrito que una amistad trabada en los años y las confidencias. Sí, es difícil extirpar tumores de amor. Pero esta que yo sufro es una bendita enfermedad, es una intensa fiebre, es una dificultad expansiva, es un sacerdocio emocional. Y los troyanos acechan, que no los tirios. Te diré que los comentarios son siempre los mismos: te vas a llevar un tortazo (o lo que es lo mismo, no instales tantas cosas en el disco duro que te lo va a malear), no utilices software propietario (es decir, que tenga dueño), navega libremente (eso sí lo hago que soy Mozillera) y no surques aguas procelosas en hipocampos extraños. Y a mí, que siempre he gozado mucho del peligro y de sus angustias, que venero la sombra de tus manos en mi teclado, que ahora sólo espero tener una ventana abierta en mis redes sociales, me cuesta entender que nadie entienda que, por una vez, y a lo mejor sólo por esta vez, voy sin antivirus. Paso ampliamente de los programas espías. Y de borrarme la caché del navegador. Y además, qué coño: no me da la gana de resetear.

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