Anchoas y Tigretones

Leer en verano

Sigrid morena leyendo

Oficialmente está aquí el verano, con sus helados, fiestas de agosto, chaparrones en la playa, bikinis tremebundos enseñadores de lorza, madrinas en la orilla gritando a sus ahijados a tutiplén, señoras paseando al compás de las olas para minimizar las varices, besos furtivos en el paseo marítimo y la sensación de que, a pesar de no tener asueto oficial, tengo tiempo libre. Lo del tiempo libre es algo siempre muy, pero que muy relativo. Pero a falta de veraneo oficial, como en "Novio a la vista" de Berlanga, pasaré un verano completamente kuruñés rodeada de amigos, terrazas, conversaciones hasta las tantas, visitas encantadoras, cervezas-light-para-parecerme-a-Pilar-Rubio,y miles de novelas y libritos. Una, que es sosa y secunda las campañas de animación a la lectura del Ministerio.

No entiendo muy bien el que la gente compre libros para leer en verano. Leer para mí, como ver películas, comer, salir de cañas y despotricar contra el mundo, me parece un acto inherente a mi propia condición humana y a mi misma mismidad, que diría Yola Berrocal..(No, miento, Yola es la que dijo :"Vámonos, que es gerundio". Una crack de la gramática recreativa en dura competición con mis niños Erasmus). No comprendo muy bien el hecho de leer porque estamos de vacaciones. Yo leo porque me da la gana todos los días, a veces unas cosas y a veces otras, pero leo como parte de mi rutina diaria, o como medio para escapar de ella. En el autobús, en la calle, en la cama a falta de otras actividades, leo casi siempre. Pero hay algún librito que identifico con el verano y que quiero recordar ahora.

Un verano hace muchos años leí por primera vez a García Márquez. Muchos años antes había leído a la orilla del mar, en Bastiagueiro, "Los tres mosqueteros", colección Historias Juventud, mitad tebeo, mitad novela, gran iniciativa de Editorial Bruguera. Un verano más trascendente, con la trascendencia de los quince años, me papé "Bonjour tristesse" y de postre "La náusea". Por no hablar de la constante repetición en verano de "La montaña mágica" y fragmentos de Proust, porque, dicho sea de paso, soy una diletante paleta, que vive en una ciudad dormitorio, pero que siempre quiso vivir de hotel. La playa de Santa Monica en California, me trae recuerdos de la "Casa de campo" de Donoso. Y Perec sabe mejor en la piscina. Italo Calvino y su barón rampante asoman por la Curota de Ribeira. A McEwan lo identifico con un parque coruñës, en el que me ventilé gran parte de "Expiación" esperando a un chico que llegó muy tarde.  Larsson empezó a engancharme en Bryant Park en NY. Y la señora Nemirovski y su extraordinaria "Suite francesa" me acompañaron en un viaje sofocante de Amsterdam a Brujas.Soy omnívora en mis lecturas. Y variada también en los paisajes de mi verano.

Lo que quiero decir con esto es que lo que son para el verano son las bicicletas. POrque los helados, como las lecturas, son para toda la vida y para todos los momentos.Y en la bolsa de la playa de este año, en la mochila de todos los días del ferragosto vecino, tengo a Lisbeth Salander esperando, a Isaac Rosa también en standby así como a la dama memoriosa de Roncagliolo. No sé si son lecturas veraniegas propiamente dichas. No sé si tengo que ventilar o poner en remojo el cerebro también. Son las mías. Y, además, me gustan mucho. Felices lecturas de verano.

(Recomiendo leer "Una temporada en Venecia" de Wlodzimierz Odojewski porque acabo de terminarla ahora mismo. Y también escuchar a Tom Waits porque me voy en un rato al cine y lo voy a mandar callar)

 

 

 

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10 pensamientos en “Leer en verano

  1. Princesa, no comentes nada de Salander. Tengo el libro, pero voy a dos hojas por día. Lo leeré en verano😉
    Un beso

  2. Eu, para a lectura, non teño vacacións: cada noite, Teo, Popi, a pita Cora, e quen sabe cantos máis, van pasando, con dúas nenas que saltan por riba de min, que me esixen explicacións respecto das actividades imaxinadas para os personaxes e que, de súpeto, quedan durmidas sen máis explicación.
    Os comezos da lectura, que van a dar en la mar.
    Bicos

  3. Comparas libros con helados, ambos deliciosos y para todo el año. Yo amo la lectura pero por etapas, mis etapas, y, desgraciadamente, de una forma más compulsiva. Muchas veces la lectura de un libro me produce ansiedad, léase “El Ocho” de K. Neville. Hojas y hojas interminables, desanado que llegue un final. Y cuanto este llega, como el éxito

  4. Yo nunca tengo la duda de saber que lectura escoger cada día porque no se leer y nunca he tenido la inquietud de aprender. No me juzguéis por ello, soy así de perezoso. A cambio me apasiona escuchar, ni tan siquiera disfruto mucho hablando. Desde hace mucho tiempo me voy todas la tardes de verano a un bar muy especial, una especie de galpón industrial con encanto “El aserradero”, es lo que queda de aquella vieja fabrica de tablones por la que tanto nos gustaba jugar de pequeños. Me encantaba el olor de ese lugar, esa esencia que todavía percibo en esta terraza de verano con sillas y mesas de madera, de las de verdad, sacadas de aquellos tablones, de los que permanecían grandes temporadas aquí apilados para secarse. Al lado hay un río, no demasiado saneado hoy en día, en el que también nos bañábamos en aquellos tiempos. Este rincón es de una tranquilidad extrema, casi insultante. Esta lo suficientemente apartado del pueblo como para alejarte de sus ruidos, y con la gran ventaja de que sólo se puede venir andando. El coche sólo llega a 500 metros de aquí. Anselmo acerca desde allí las provisiones en carretilla. Acariciado por la sombra de unos grandes y frondosos árboles muy añosos, que de vez en cuando crujen como queriendo estirarse o cambiar de posición porque ya están cansados de vivir en el mismo sitio. Aquí se reúnen todos los días por las tardes un grupo de “devoralibros”, unos auténticos posesos de la lectura, gente de profesiones diversas que disfrutan intercambiando opiniones sobre las mismas lecturas, que desde hace tiempo han elegido el pueblo para pasar sus vacaciones. Todavía no se muy bien como han podido venir a parar a este lugar tan insulso y aburrido, y sobre todo por que repiten año tras año. A veces pienso que no viven sus vidas por el ansia de leer otras ajenas y no conformes sólo con leerlas, desguazan cada línea de cada página y comparten y discuten, en el buen sentido, todo aquello que se pueda analizar desde varios puntos de vista, tantos como sujetos hayan ido aquella tarde. Primero alguien hace un sinopsis o leen un párrafo que luego descuartizan y después charlan, sin más. A veces el libro les lleva a lo personal y todo se convierte en risas, a veces incluso en llanto. Otras veces todo es más frío y distante, como una mirada ajena desde fuera, quizás como la mía aquí y ahora. Es lo más parecido a una terapia que he conocido. Y así me parece como si fuera yo el que lo leyera. Pudiendo elegir la opción que más me convenza. Yo me siento en el corro que forman, un poco apartado hacía atrás, sin estar del todo dentro pero sin estar del todo fuera tampoco, con una mesa pequeña a mi lado, en la que coloco muy ordenadamente mi cerveza, que sucesivamente voy sustituyendo, mi paquete de tabaco, que iré consumiendo en la tarde, mis papeles de liar y mis filtros. Así como con el tabaco soy fumador empedernido en esto de los libros yo soy lector pasivo.

  5. Con posts como éste, el anterior y el otro, y el otro,…., me obligas a leer tu blog….que mala eres!!!

  6. Querida, Princesa: Además de compartir a Bartleby compartimos a Hans Castorp.

    Yo leeré a Paul Auster, y de paso, apdrendo quién es…

  7. Princesa Sigrid en dijo:

    Gracias a todos por vuestros comentarios, como siempre, me ponéis las pilas.Sé que estoy un poco vaga últimamente, que no os contesto diariamente y que subo pocos posts. A veces las princesas tienen que poner orden en sus territorios y la inspiración se les queda un poquito lejos….
    Hay alguno de vuestros comentarios que pagaría por haber firmado de lo buenos que son. Hay por ahí un chico escondido tras un seudónimo que tiene una madera de escritor que ya me gustaría a mí…espero que, si inicia un blog, lo sigáis a él pero a mí no me dejéis. Sin vosotros esto no es nada

  8. Lo paradójico de L.Gos es que para no leer, escribe muy bien.
    Yo no puedo leer por la noche, me duermo.
    Tengo un método lector, leo de 9 a una, no seguido, hago pausitas pero leo por la mañana, sea verano o invierno.
    Pal verano tengo a punto el último de Roth, una muerte en la familia de James Agee, articulos de Franzen y volvere a leer el de las langostas de Foster Wallace.
    Buen verano a todos y una lágrima por Jacko.

  9. Fernando Cortes en dijo:

    hola, gracias por las recomendaciones. leere el de una temporada en venecia, saludos

  10. Pingback: Veranos con Colajet « Anchoas y Tigretones

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