Anchoas y Tigretones

Archivar para el mes “abril, 2009”

Lo que queda en el tintero

Viendo el arco iris cuando llueve...Vivir, escribir, es una acumulación de ausencias. Elegimos una línea narrativa, un tema, una banda sonora para continuar. Y echamos los restos hacia adelante, con o sin maletas, con o sin restricciones. Pero la duda, la posibilidad de lo que se nos ha quedado en el tintero o en ese desván de la memoria en el que guardamos cuadernos nuevos, sin escribir, álbumes sin estrenar de todas esas vidas que derivan en una sola,la que escogimos o la que tenemos,sobresale como las rosas secas entre las páginas de los libros. Entre las muchas equivocaciones está el argumento que ahora transitamos como una vía rápida, como un valle de lágrimas o como una pintoresca carretera salpicada de verdes como en las películas o novelas que suceden en Irlanda, donde siempre llueve un poco pero donde la lluvia es siempre hermosa. La vida nos escoge o nosotros a ella. Pudimos haberlo hecho y decidimos que no. A veces, como Bartleby, preferiríamos no hacerlo. Me contaba alguien el otro día, en unas confidencias muy alcohólicas, como había tenido que escoger no entre lo correcto y lo incorrecto sino entre lo que quiero y lo que deseo. Yo tengo la suerte de tener una vida tan caótica que no puedo dar consejos, por lo que me puedo permitir el lujo de mirar a los ojos y saber si sus pupilas tiemblan, ya que no tengo que buscar argumentos convincentes, nunca los tengo. No te has quedado atrás. Elegiste. Yo también. No sé si por cobardía o por lealtad, a lo mejor es lo mismo.  O por no salirnos del cuadradito al jugar a la rayuela. Y a lo mejor todos los días sentimos un pequeño clic en el corazón al sentir un nombre, una voz, pasar por delante de un bar, de una calle o una plaza en la que en algún momento nos sentimos plenos. Donde vimos brillar los fuegos artificiales de las fiestas de agosto pensando que eran los más hermosos que habíamos visto jamás sólo porque había otros ojos viéndolos. Al sentir el tacto de aquella ropa que nos quitaban para decirnos que nuestra piel era un territorio perfecto y que tenía nombre y conquistador. Al comprobar cada día cómo hay un hueco en la lista alfabética de contactos en el buzón de correo porque todo ha quedado en ese desván, en el terreno gris de lo posible, de lo que has vivido y no vivido a la vez, con la certeza de que era algo tan hermoso que debía terminarse. O quedarse a vivir ahí. En un rincón apartado donde casi, y solo casi, no moleste.
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Teoría y práctica de la miniserie televisiva de fin de semana

Pinup de Elvgren preparándose para ver una miniserieUna de las cosas buenas de haberme dedicado a la teoría de la literatura-si, ya sé, como le dijo el Gallo a Ortega y Gasset "hay gente pa tó"-me ha quedado una desmedida afición de, además de al análisis, la clasificación, la categorización y las taxonomías. Si bien esto es paradójico porque la tag cloud de mi blog no carga desde que circuncidaron a Noé, el encontrar pequeñas miguitas de Pulgarcito, pequeños universos expandidos linkeados entre sí, me entretiene y hace que funcione galopantemente mi materia gris, dado que nadie tiene el detalle de regalarme un Brain Trainer para ponerme a aplaudir con las orejas adivinando dónde está Wally o como hacer una línea recta entre triángulos o algo así sin levantar el lápiz (y digo yo: ¿y q mí qué coño me importa esto?). Pero en fin, querida princesa republicana, no te pongas estupenda que te sale el Cide Hamete que llevas dentro y esto es un Cristo versus Arizona.

Soy de una generación que no cree que la tele sea un coco malo. Hay mucho que hablar sobre esto, pero llevo diciendo mucho tiempo que gran parte de la mejor ficción que se escribe ahora se hace para la televisión. No hablemos solo de "A dos metros bajo tierra " y "Los Soprano", "Verónica Mars" y "Las chicas Gimore" sino también "Lost", "The L word" "Sex in the city" y muchas otras. Gustos más o menos sofisticados aparte, atesoro como uno de los mayores piropos que me han dicho en mi vida que me parezco-sólo en la dialéctica, por desgracia, y de forma muy lejana,-a Lorelai Gilmore. Vaya chorrada, diréis, pero una, que tiene un pasado y presente totalmente mitómano viviendo en los mundos de Yupi, tiene su corazoncito de vieja bibliotecaria y eso…me emociona. Nadie es perfecto.

Ahora bien, a pesar de mi buen gusto televisivo, comparto con mi amiga Patricia-una de las mayores teleadictas que ha parido el siglo pasado, capaz de casi llorar al desprenderse de Canal + sólo por dejar de ver el canal Telenovela-la afición por las miniseries, en especial las de Antena 3 de los sábados y domingos por la tarde. Ahí lanzamos la teoría y a, quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga. 

a)Están hechas a propósito para el momento posterior a la siesta, en las que el estado de inconsciencia del espectador reclama o bien palomitas o bien merendola guarra, tipo patatas fritas y de postre chocolate o pipas, cocacola y galletas Príncipe.

b) Cumplen la heroica función de recuperar a viejas glorias del pasado como Melissa Gilbert, todas las protagonistas de los "Angeles de Charlie" en sus sucesivas etapas (a excepción de Bosley, que ya sería pelín perverso) reconvertidas en señoras de cincuenta bien llevados. También tiene una gran carrera en este género Connie Selleca.

c) Binomio amor-lujo llevado a sus últimas consecuencias. Grandes coches, estética ochentera decadente y escenarios muy American Beauty.Especialmente me flipa la supervivencia de las hombreras y de los pendientes a lo Kim Wilde.

d) Divorcios, infidelidades e incluso vidas paralelas (vi una de Beau Bridges que era la caña de España, el tío con dos casas, dos coches, dos identidades, dos familias cada una en un estado de los USA y las respectivas se enteran porque le da un infarto y las llaman a las dos). Las enfermedades terminales, la búsqueda de un donante y descubrir que todos son adoptados es también algo que ocurre a menudo.

e)  Recuperación de una memoria bastante jodida generalmente a partir de la visión de un juguete de la infancia o de una fotografía que hace desmadejar el hilo de Ariadna para descubrir incestos como casas. Ese es un subgénero que me mola menos, pero que ha parido grandes títulos. Deja totalmente en ridículo al psicoanálisis y a la hipnosis, porque es el juguete o el encuentro totalmente casual de un objeto el que lleva a que una familia se destruya.

f)También es básico que el momento infidelidad se produzca justo, qué casualidad, el día en que la heroína estrena su mejor conjunto del catálogo de Victoria’s secret. Por no hablar de que son las únicas tías del mundo que, después de hacer el amor, se quedan hablando de lo divino y lo humano con la sábana justo por encima del pecho, en plan palabra de honor. Como si tal cosa.

 Y diréis vosotros ¿dónde está la teoría? Y digo yo: pues en el hecho de que mi horizonte de expectativas está ya creado, es inamovible y me reconforta como espectadora competente descubrir las trampas y convenciones del género de la miniserie de fin de semana. Por eso, cuando en el periódico del sábado veo en la parrilla algún título como "El coraje de una madre", "Después del amor" o "Lugares en el tiempo", es un suponer, ya sé que mi vida social para ese día se ve reducida a un antes y después de mi dosis. Porque chicos, a nadie le amarga un dulce. Y que levanten la mano los bebedores de champán francés que en los días de calor de verano no prefieren una buena cerveza fría o una gaseosa con vino tinto…si es que de vez en cuando hay que prostituir el gusto.

 

Fragmentos de un diario futuro (II)

 Calendarios con hojas amarillas (urbinavolant)

 "Yo no voy a usurpar territorios que no me competen. Hay una gran frontera entre asentar mis reales en tu sala de estar y mangarte el mando a distancia, poner un cepillo de dientes en tu cuarto de baño, organizarte la nevera y sólo,sólo y simplemente, querer abrazarte algunas noches al mes o al año. Hay demasiado espacio vacío entre nosotros, el calendario va devorando ese paso a ritmo marcado de días y horas, de sueños que se revelan al despertar como lejanos y crueles, cuando se deshacen en el agua de mis ojos como la aspirina efervescente…Construyendo muros de contención en tu alma no vas a conseguir que mis límites se diluyan en la sombra que ya he dejado en el agua. Hay recuerdos que hieren, otros que ayudan a vivir y otros que intentamos tapar con un miedo enorme, incómodo, que ocupa tanto espacio que agota los trasteros y los desvanes del corazón. Y todo, simplemente, porque la vida se escapa. Los errores son siempre evitar los errores: la llamada que no hicimos, esos minutos que no nos quedamos mirándonos, esa puerta que cerramos tras nosotros para encontrar un desencuentro. Y todo lo que no lleve tu aliento ahora, lo que no suceda partiendo de tus labios, lo que no lleve la firma de tu sombra, en este momento, es puro spam".

 

 

 

Ser el otro

Dos en uno

He hablado en algunas ocasiones del ejercicio de impostura snob que supone escribir un  blog. Y me pregunto muchas veces-gracias Jean Bedel, por hacerme reflexionar de nuevo-si seguiré haciendo esto, implorando vuestra atención y rindiendo pleitesía a la literaria heterodoxia en estas ¿páginas? que no pueden huirme entre los dedos. Quizás en unos años, en unos meses, en unos días, haya cambiado por completo mi concepto de lo que debo hacer. A lo mejor, como me dijo una vez Lula Fortune haya que irse de aquí sin avisar, sin hacer ruido, sin dejar huellas en la arena imposible del espacio virtual …

A mí lo que me gustaría es reconvertirme en otro. Alguien tan apasionado del disfraz y el teatro como yo, no en vano nací en plenos Carnavales, es una rendida admiradora de la capacidad de heteronimia. Me fascinan las personalidades literarias de Pessoa, me encanta el ejercicio literario de Banville/Black y, como no, el recién descubierto por mí tandem imposible Barnes/Kavanagh. Daría algo por poder desdoblarme en infinitas atalayas narrativas, poder abrazar, desde la retórica más compleja al esquema más plano y ramplón, pero erotizando esa gramática subterránea y rastreable que tanto juego da a los críticos y desentrañadores de enigmas semiológicos. Sí, ya sé que tengo un nombre con el que firmo que no es el mío, sino un vago recuerdo de un personaje. Pero ¿aquí soy yo o soy mi personaje? ¿Escribo sobre lo que quiero o finjo querer escribir sobre lo que escribo?…Llega un momento en que la escritura se convierte en trampantojo. Como en Casa de campo de Donoso el trompe l’oeil, la trampa ante el ojo, ante la lectura del que desconozco, envuelve todo lo que hago o todo lo que quiero hacer. Creo que llega un momento en el que desvariar frente a la pantalla de este ordenador hace que me transforme, de verdad, en otra. Y que mi voz, mi discurso-si es que lo tengo, bueno, cómo que no, claro que sí,narices que para esto este es mi blog y digo lo que me da la gana-sean de verdad inasibles. O pertenezcan a otra historia. A otras realidades. Inventadas pero con poso realista.Con mis manos y mis ojos. Con la desgarrada ausencia que te nombra en el vacío y con la taquicardia que te recuerda. Esa soy yo convertida en personaje.

La ficción cibernaútica es peor que Saturno devorando a sus hijos. No somos nada. Y los que escribimos en un blog, mucho menos.

Lectura recomendada: La literatura nazi en América de Roberto Bolaño (este hombre era Dios en la tierra). Hay que tenerlos bien puestos para escribir algo así. Además de ser inmensamente brillante. Homenaje en su recuerdo y presencia. Leáse, por favor, con conocimiento, mesura y gran sentido del humor.

 

 

Fragmentos de un diario futuro (I)

"Leyendo en la fantasíaHoy me he despertado abrazando el hueco desconocido que deja tu cuerpo en mi cama. Ya me he olvidado de cómo es desear tu sombra, la sombra que no he visto todavía proyectándose en el breve espacio del salón a la cama, del pasillo a la cama, de la cama a la cama…. Eres un conjunto de ausencias y vacíos: los mensajes que no me envías, las conversaciones que no inicias, toda la frontera que rodea el miedo oscuro, el silencio al otro lado de la línea telefónica, el buzón vacío de gmail. El mismo miedo que tenías de niño cuando te encerraban en el desván. Coleccionando sombras que no existían, haciendo el inventario de las penumbra que dejaban al pasar los fantasmas familiares, te acostumbraste a no hacer, a no sentir, a no preguntar. Por eso no habitas mi diario cotidiano. Como las tormentas en el verano de Nueva York apareces de repente rompiendo todas las pautas y te marchas igualmente, sin querer conocer, sin querer preguntarme nada, sin saber, sin afirmar. Eres una caligrafía torcida en un cuaderno milimetrado. Me miras y te miro. Y no nos encontramos. Simplemente, tenemos miedo"

 

 "Ya te has vuelto a dejar el recibo de la contribución encima de la mesa. Si lo llego a saber, lo hubiese pagado yo ayer. No sé por qué me dices que vas a hacer las cosas si luego no las haces. Ayer, por ejemplo. Te empeñaste en tender la lavadora porque me veías subiéndome por las paredes intentando que la peque hiciese los deberes, poniendo los macarrones a cocer para la cena y recordándote que tu madre quiere que vayamos a comer el domingo a la aldea. Y ahí se quedó la ropa, y todo porque te metes en el Internet de las narices, que yo no sé con quien hablarás o chatearás o como se diga, que te tiene reconcomido.  Dios, el domingo. Con lo que me gustaría quedarme a ver Cine de Barrio. Ay, no, que eso es los sábados. Es que ya ni lo sé, porque cuando Andresito empezó en la liga infantil de Beisbol, todos los sábados lo llevo al entrenamiento y si hay liga o sector, pues ahí que toca irse con él a donde Cristo tomó la primera Fanta de limón para que juegue. Y es que yo quiero que hagan deporte. Que hagan muchas cosas, muchas, que se entretengan, que se diviertan. Que no se queden solos. Tengo que acordarme de poner el recibo en la puerta para ir a pagarlo mañana a primera hora, antes de fichar".

 

"Me encanta ver cómo brotan las margaritas. Y ver cómo Marisol riega las azaleas y las violetas africanas del patio. En el jardín hay muchos rosales que ahora se están poniendo preciosos. Cuando me dejan llegar al final del jardín, cuando Marisol me acompaña porque la pierna me falla desde hace meses, veo entrar y salir a dos gatitos que viven en la huerta de al lado. Se espanzurran al sol, ronronean y casi diría que sonríen felices. Como yo cuando llego al final del jardín. Anda que si llego a saber  que en esta residencia se vivía tan bien, me iba a haber quedado con mi hijo y la bruja de mi nuera esos malditos tres años desde que me quedé viuda, que sólo querían aguantarme para quedarse con el pisito del centro. Yo aquí lo paso muy bien. Que si mi partidita, mi telenovela, mis siestecitas…y luego está Bernardo. Vive en la tercera planta. Nos conocimos en el fisioterapeuta. Me puso la mano en la rodilla para incorporarse, me miró a través de sus gafas dióptricas y supe que era toda suya. Lo de empezar a besarnos en el cuarto de las fregonas vino después. Al sexo, Dios me perdone, todavía no hemos llegado, porque yo, desde mi difunto marido, no he estado con nadie. Pero es que lo veo y se me ponen cosquillitas en salva sea la parte, Dios me perdone, aunque bien me puede perdonar, que bien buena que he sido y bien trabajada que me voy para el otro barrio…Pues nosotros, eso todavía no. Pero espero que llegue pronto, porque el tiempo a los dos se nos acaba y no me gustaría, que Dios me perdone por lo que voy a decir, irme para allá casi entera y verdadera otra vez, que ya ni me acuerdo de cómo era lo de la cama…"

Astenia primaveral

Toi así de asténicaSiempre me he reído de la astenia primaveral. Me ha parecido un cómodo refugio para hacer el vaca total tirados en el sillón y mirando a un punto fijo, pensando en qué momento de nuestras vidas nos equivocamos y decidimos no enrollarnos con Jude Law, por ejemplo. Ese pasotismo estacional me parecía, ni más ni menos, que una estrategia para el dolce far niente o el dolce non pensar en niente o el niente per se. Pero este año, será la edad, me ha atacado duramente. Y no sólo de forma física, sino psíquica. Me da pereza absolutamente todo. Si leo, porque lo que leo no me apetece nada y caigo en el riesgo de fomentar la crítica literaria destructiva, tan en boga últimamente o, peor, "me tiene que molar a pelotas porque si no, no soy de la pandi".  Cuando estoy trabajando, y me encanta lo que hago, pienso en por qué no me toca una primitiva obscena, pero obscena de verdad y me voy a un balneario a hacer tantra o algo así, con unos cuantos maromos que me masajeen la riñonada hasta que me caiga la baba. Si veo la tele, me sorprende mi repentino interés por un culebrón que ponen a las 5.30 o así que se llama "Victoria", mete miedo y tiene un casting absolutamente imposible. ¿Qué me está pasando, yo, con lo que fui? ¿Es que de golpe se están vengando todas las "primaveras sorianas, primaveras como tosco sayal de campesina" y me agreden cual ataque de los clones?.

No sé si puedo escribir una receta para evitar este estado de inconsciencia improductiva que tengo. Ahora bien…¿es necesario pasar por este trance? Ya os he contado que a mí me afecta el otoño. Pero ese arrebujarme entre mantitas, el contemplar las hojas doradas desde la ventana-esto ha quedado muy Jane Austen-me pone las pilas aunque me entristezca. En cambio lo de ahora me parece que es un contagio del estado generalizado de las cosas. Tanta crisis, tanta intervención, tanta actividad hace que nos agotemos antes de llegar a cualquier puerto.Pero encuentro esta página arrancada de un diario  y pienso que todavía hay quien tiene energía para vivir algunas cosas:

 "Las camelias ya han florecido, se han ido, oxidadas y tristes al limbo de la próxima preprimavera. Me gustaría poder hacer lo mismo. Apoyarme en tu pecho y pensar que todo es de verdad, que no quiero hacer nada porque estoy a tu lado y, de momento es lo único que me apetece. Y no sé si quiero algo más. No sé si puedo tener conversaciones interesantes o si simplemente quiero ver cómo llega la primavera. No sé si viene a quedarse. Quizás sea un espejismo. O el anuncio del verano. "

A lo mejor queremos sólo eso. Esperar al verano y que el sol nos caliente de nuevo. 

 

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