Anchoas y Tigretones

Archivar para el mes “noviembre, 2008”

El miedo

Sangre en todas partes
Sí, ya he visto Gomorra. Y a pesar de la dureza, de esa sobrecogedora imagen final-si es que se puede escoger alguna más estemecedora que otra-me acuerdo de otra película, española, que pasó desapercibida para muchos espectadores: Todos estamos invitados de Manuel Gutiérrez Aragón. En esta última, también el miedo, el silencio, el no escuchar las amenazas susurradas pronunciadas al lado de quien se postula como incómodo para un determinado discurso, la mala o buena memoria para según qué cosas están presentes. El entorno es más cercano y más reconocible ya que es Euskadi. Sí, me horroriza la tristeza de la imagen de Saviano abandonado a su suerte que tiene un punto y final incierto pero marcado en el calendario : antes de fin de año. Sin contacto con su familia, sin amigos, sin pareja ,ya que no ha podido resistir la presión y el pánico a convivir con quien tiene las horas contadas. La Camorra no consiente que se hable mal de ella, que se destapen sus secretos a voces que la vinculan con todo tipo de negocios pretendidamente legales y cuyos tentáculos llegan a cualquier lugar. Incluso circula por ahí una versión manipulada de la historia que este hombre de ojos inmensamente tristes denuncia.

Nápoles, País Vasco. Lugares donde la discrepancia es susurrada o inadmisible. De lo que no hablamos porque es incómodo mientras paseamos, a kilómetros morales y físicos de distancia, por nuestras vidas autónomas de centros comerciales, cafeterías, casas de amigos y gimnasios. Donde lo que me preocupa es cómo me vean, no quién me ve o cómo me mira. Admiro la valentía, el coraje de quien todos los días se levanta con miedo, pero "tirando palante" porque cada segundo es un regalo más, es un fracaso de un destino trazado sanguinariamente que condiciona absolutamente cada movimiento, cada café con leche, cada salida al parque con un niño, cada  compra en el supermercado  de la que nos olvidamos en el último momento…porque darse la vuelta sin pensar, repetir un itinerario, puede ser fatal. La ley del tiro en la nuca. Del terror. De la pistola. De la nada más absoluta. Porque después de los funerales vendrá el silencio.

Sé que no conoceré nunca a Saviano. Pero conozco los rostros de muchos que han cambiado de residencia, de trabajo, de una vida que apreciaban por la amenaza, la pintada, la difamación y el insulto. Para no alimentar más odios. Para poder seguir pensando y hablando en alto, sin tapujos, sin metáforas, sin que conlleve una condena al entorno con el que te vinculas. Para poder vivir. Y es que hay mapas vitales que se dibujan dentro de una cartografía muy distinta a la mía. No van sólo a por Saviano. Todos estamos invitados : van a por todos. Aunque algunos no llevemos una diana pintada en la frente o en la nuca. Por suerte. Y dejo de escribir porque aunque este blog no lo lea nadie, tengo miedo.

 Apoyo a Roberto Saviano en Facebook: "Io sono Saviano"

Life is a cabaret…

Liza antes de mazarse a Ostras de la Pradera

S.P dice que siempre me imagina como una mala malísima de los años 30.  Yo le contesto que es mucho mejor ser una mala contemporánea. Una mala dominadora, bailarina y deslenguada que regenta un cabaret berlinés atemporal. Dejar que se me caiga el rimmel en un guiño cuajado de humo. Demostrar que no hay escena ni escenario, que puedo caminar con un liguero que sujeta unas medias de cristal con costura con la mayor de las naturalidades. Con abandono. Que los tacones que me sostienen sean una prolongación de mis tobillos. Que el susurro de deseo se me note tan fingido como calculado. Quieres que dé una definición del cabaret…Pues tienes razón: el cabaret es el arte de la escasez. El que hace que las manos sean luz. Que la presencia y la actitud definan la narración del espectáculo. Es el lugar donde lo procaz, la risa y la mueca convierten lo vulgar en imperio. Donde el rastro animal y feromónico de un picardías, de una boa de plumas, de un tul de lentejuelas son perseguidos por la devoción continuada del público. Donde puedo quitarme el delantal cuajado de manchas de la vida y maquillar mi propia provocación.  Dar mucho con muy poco. Dar mucho con mucho. Subirse a las alturas del momento y a la experiencia de sentirse magnífica, de ser estupenda, de ser el blanco de todos los deseos…de mandar. De enseñarte lo que yo quiera porque mi seducción es propia, privada, lúdica, ficticia y mutua. Porque si algo tiene de maravilloso el cabaret es que es un espectáculo de dominio en el que el público acaba comiendo de tu mano…Y lo hacen en tu casa. Son tus invitados y se someten a la pulla, a la vejación, al sarcasmo de quien habita la escena. ¿Lo mejor de todo? Estamos todos, público y actores, en el mismo barco. La música nos emborracha. La carcajada también. Pero mando yo. Soy tu dueña. Y eso…., eso no tiene precio. Ni siquiera lo paga la entrada al garito. Ni todas las "ostras de la pradera" a las que me invites. Agacha la cabeza o arrodíllate. Empieza el castigo. Y el juego. Disfruta. Te va a gustar. Y a mí también, pero no se lo cuentes a nadie. Todo esto es sólo para ti. Ladies and gentlemen:  Willkomen, benvenue, welcome…

P.D.  Espero NO haberte contestado. Tienes razón: no se puede definir. Pero gracias por el reto. Te lo dedico de todas formas con un beso muy, pero que muy fingido. 

 

Aprender a llorar

Pafuera telarañas de todo tipoJulio Cortázar en sus Instrucciones para llorar indica que es necesario que "dirija la atención hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un patio cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie nunca". Siguen unas breves recomendaciones sobre la teoría del llanto, de la lágrima y cómo terminarlo. Ojalá pudiésemos seguirlas al cien por cien: de los últimos llantos públicos me han conmovido los de Jesse Jackson, los de una buena amiga en crisis personal y matrimonial, las de los familiares de los militares fallecidos en Afganistán. Pero ya he contado aquí que me sobrecogen mucho más las que se sostienen en ese breve espacio entre la rabia y la pena, la breve o extensa frontera entre el desconocimiento de esa realidad externa que agrede o conmueve. O que está tan interiorizada, forma parte de nuestra biología, de la bioquímica humana de la existencia y conviven en nuestro cuerpo en un maremagnum de hormonas, adeenes y demás.

Eu son chorimiqueira. Me emocionó la sonrisa de un niño con síndrome de Down y que miraba hacia mi collar de muñequitos el otro día. Me miró con amor, con la dulce ternura de la sencillez, del corazón limpio. Me impresionaron las lágrimas de rabia de aquella mujer en Irak, de negro riguroso que gritaba a la cámara de TVE: "Mundo, ¿dónde estás?". Las lágrimas del día después a una despedida. Las que habitan en la ausencia o en el recuerdo. Las que caen encima de un papel de diagnóstico. Las que guardo en mi memoria de ritos. Las de impotencia, rabia, cansancio, hastío… Las que no quiero que veas nunca. Porque no quiero que sepas que lloro algunas veces. Porque me gusta más que mis lágrimas sean de risa, de pura felicidad, también de inconsciencia..Y eso que ya conoces  es lo que quiero que tengas de mí. O que las que me resbalan lentamente por el corazón cuando pienso en tus ojos resbalando también por mi cuerpo sean el recuerdo imposible de lo que todavía no has visto…

La foto me la proporcionó P. Gracias por compartir este corazón en la basura…el tuyo es demasiado grande para cualquier contenedor. 

Escaparates y cadáveres exquisitos

 

Sujetadores de uniforme???

Soy una irredenta fan de los escaparates que alguna gente considera casposos. Yo creo que ahí se ve, en realidad, la voluntad de estilo de los comerciantes y la fidelidad del público. En Marineda había un local en el antiguo mercado de la Plaza de Lugo que anunciaba "Sardinas fresquísimas" las mismas, en la misma caja, todo mi BUP y mi COU (Lo siento, Sil, no soy de la LOGSE, qué  le vamos a hacer). La mercería Elvira, en san Agustín, solucionó en cinco minutos sus problemas con un inoportuno hundimiento de tejado poniendo en el escaparate la siguiente aclaración "Se nos cayó el techo, estamos en obras, pero despachamos igual". O petiño é o petiño. Por no hablar de las recomendaciones magniíficas de "La casa de las zapatillas" en Panaderas. Son lugares de los que al final acabas hablando. El otro día le prometí a alguien a quien quiero mucho un tour por mis locales favoritos, incluyendo a la señora Conchita que te da todas las necrológicas del barrio en cinco minutos mientras sigue calcetando los chales que vende…y que coloca en el escaparate con un curioso sentido del Arte Povera. Por eso este post forma parte de la etiqueta Lugares sin encanto…pero que molan. Como el cutrekiosko en el que un señor de cerca de ochenta años, se quitó el sombrero para dejarme pasar, "porque él siempre cedía el paso a las mujeres bellas"…claro que en el escaparate convivían las revistas más guarras con el ABC. Esta foto es que me encanta. Si el letrero de "Uniformes de carmelitas" estuviese más a la derecha o a la izquierda, no sé si le quitaría morbo al asunto. Lo mejor de todo es que tampoco es nada del otro mundo la ropa interior del escaparate: ni una tachuelita, ni un mal cilicio, ni una velita para acompañar alguna coreografía…pero hasta la dejadez en el diseño del cartel me pone, caray. Es como que todo ya está tan dicho, tan claro que para qué nos vamos a andar con rodeos…No sé si me influye el hecho de que este fin de semana vi Jesucristo Superstar pero este aggiornamento de los modelitos colegiales me parece fascinante. Atención al careto de la vaca de trapo. Al loro con el maniquí niño que yo pensé que estaban prohibidos por la OMS. Joé para las Carmelitas, en las Jesuitinas el uniforme era por la rodilla…

 Para Paco, alias Flavio, que además de regalarme su tiempo y muchos libros, siempre se ríe conmigo y me proporciona fotos como esta. Además de ser un erotómano sibarita alentado por una Morgana de pelo rubio…os quiero a los dos…muac!!!!

Murakami, mi amor

Sólo quiero a Sergio Castellitto leyéndome “Sputnik mi amor” de Murakami. Sólo quiero sus ojos desproporcionados sobre mí. No quiero la lástima de nadie. No quiero el rencor, no quiero dudas, no quiero nada. Quiero que me miren como él mira a su mujer, con la rendida y tierna complicidad de la amistad gastada, con la pasión en los bolsillos, con el cronómetro en marcha… Quiero esos ojos sobre mi piel. Quiero esa risa. No quiero reinventar lo que no se puede inventar. No lloro nunca sobre lo pasado. Hay nombres en la frontera del tiempo, pero hay magia en el día de hoy.

Mírame. Estoy frente a ti y quiero que me leas. Hay muchos relatos que pueden ser escritos entre las líneas de mi espalda. Y en la corta distancia que separa tus manos de las mías. Escríbeme.

“Bastille” dirigida por Isabel Coixet, incluida en Paris, je t’aime y protagonizada por el hombre con los ojos más maravillosos del mundo.

 

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